Para Clara y su familia, aquel lunes no iba a ser uno más. Ellos no lo sabían, pero a partir de ese momento sus vidas nunca volverían a ser como antes habían sido.
El día empezó como todos los lunes: tranquilo, previsible y con las prisas del comienzo de la nueva semana. Al menos, eso parecía para todos ellos. Sin embargo, la realidad que se les vino encima ni en su peor pesadilla la hubieran imaginado.
Fernando, el esposo de Clara, no paraba de dudar, conforme pasaban los días, si estaba despierto, si aquello realmente estaba sucediendo o si seguía atrapado en una pesadilla que no le daba tregua, por más que se repetía una y otra vez que era un mal sueño del que acabaría despertando y que su vida, con su esposa y sus hijos, seguiría siendo la de siempre.
El lunes 27 de septiembre de 2004, Clara salió de su casa, se despidió de Fernando y de sus hijos, como siempre lo hacía, dándoles un beso, y este fue el último beso que de ella recibieron.
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