El pujante e ilusionado desarrollo de la prensa española en el siglo XIX no animaba a los desplazamientos de quienes deseaban consagrarse a su cultivo en Perú. Algunos lo intentaron, pero fueron los menos y no precisamente los más brillantes (quizá los más atrevidos): aquellos que encontraron circunstancias propicias que los convencieron para instalarse y desarrollar la profesión en una tierra que entonces sentían como muy lejana, pero sugestiva. El paso de los años ha limitado todavía más este entronque y se cuentan con los dedos de una sola mano quienes han optado por acercarse a una tierra tan esplendorosa y atractiva como la peruana.
Entre el elenco de los sujetos seleccionados hemos hallado personalidades de muy diferentes rasgos, a veces con unas intenciones y comportamientos que dejan que desear; en otras, con una ejecutoria apreciable, que ha sido reconocida por la colectividad. Sus nombres son Juan Antonio Olavarrieta, Jaime Bausate y Meza, José Joaquín de Mora, Fernando Velarde, la baronesa Emilia Serrano, Eloy Perillán Buxó y Corpus Barga.
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