De pronto se abalanza sobre ella, situándose tan peligrosamente cerca que puede notar su respiración en los labios. Sarah desvía la vista hacia el suelo, sin comprender su propósito.
—Mírame a los ojos. —Le alza la cara con una mano sin darle opción a debatirse, quedando aterrorizada al contemplar la imagen que percibe; tiene que ser él, pero su rostro no es el mismo, tensado, peculiarmente pálido, y con unos colmillos asomando de su boca que deberían pertenecer a un animal salvaje—. ¿Es esto lo que te gusta? —Hunde la cabeza en su cuello, debiendo reprimir un alarido, aunque finalmente solo le da un breve y delicado beso.
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