Madre mía, madre mía! Estoy bloqueada. ¡Creo que me he olvidado hasta de pestañear! Mi corazón comienza a acelerarse al sentir sus manos en mi cintura. Todo y que, al llevar vestido, no noto el contacto directo contra mi piel, esas manos arden como el fuego en mí e inmediatamente un temblor recorre todo mi cuerpo al completo. Esa sensación no me la produce cualquiera o, mejor dicho, no me la produce nadie. Nadie a excepción de él. Con el corazón completamente desbocado y los nervios a flor de piel, termino de confirmarme a mí misma que sigue causando la misma reacción en mí. La misma reacción de antes. La misma reacción de siempre. Aquí y ahora…No me juzgues. No sabes qué habrías hecho tú en mi lugar.
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