El texto explica que la obra estudia Trujillo como un territorio construido
históricamente a lo largo del tiempo, no como una ciudad aislada. A través de
distintos periodos (Prehistoria, Roma, Edad Media y Edad Moderna), muestra
cómo cada etapa añade capas materiales, sociales y simbólicas que configuran
su identidad actual.
En los orígenes, destaca que el poblamiento estuvo condicionado por factores
naturales como el agua, los suelos fértiles y la defensa. En época romana, el
territorio se integra en el Imperio mediante infraestructuras y organización
administrativa, combinando continuidad con cambios profundos. Durante la
Edad Media, tanto la etapa islámica como la cristiana reutilizan estructuras
previas: primero como enclave defensivo (hisn y medina) y luego como centro
administrativo (concejo). En la Edad Moderna, la ciudad crece fuera de las
murallas impulsada por el desarrollo económico, reflejando nuevas dinámicas
sociales.
En conjunto, la obra plantea que Trujillo es un “palimpsesto” donde cada época
transforma sin borrar la anterior, resultado de un proceso histórico continuo que
explica su forma actual.
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