The Rime of the Ancient Mariner

Balada del viejo Marinero

Samuel Taylor Coleridge (Autor)

 

Gustave Doré (Ilustrador)

 





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Sinopsis

El extenso poema «Balada del viejo Marinero» encumbra al movimiento romántico inglés de finales del siglo XVIII. Fue compuesto tras un meditativo paseo por el puerto de Watchet, en el canal de Bristol, a partir de un sueño sobre un navío fantasma tripulado por almas errantes que un conocido de Samuel Taylor Coleridge le había relatado. Dotado de una hipnótica musicalidad y poderosa simbología, su narración, como un oráculo, detalla un misterioso viaje por las aguas truculentas de un crimen y su castigo, hacia un destino de tormento, penitencia, purificación. Todo causado por el asesinato de un albatros, pájaro de buen agüero, a manos de un oscuro marino, que desatará una furia de la naturaleza, una lucha entre fuerzas del bien y el mal.

Detalles del Libro


ISBN/13:

Num. Páginas:

Tamaño:

Año de publicación:

Editorial:

Categoría:

9788417105488

78

225 X 310 mm

2018

Mr. Momo

TEXTOS CLÁSICOS

Samuel Taylor Coleridge (Autor)

Samuel Taylor Coleridge nació en Ottery St. Mary, Inglaterra (1772). Poeta, crítico, filósofo, fue impulsor del romanticismo literario anglosajón, que, entre otras características, sublima el esplendor de la naturaleza sobre lo industrializado. Con nueve años, tras el fallecimiento de su padre, ingresó en la Christ’s Hospital School, una institución benéfica londinense donde, a partir de una escrupulosa educación en letras, comenzó escribir sus primeros versos. Cursó estudios superiores en el prestigioso Jesus College de la Universidad de Cambridge. De carácter sumamente inquieto e imaginativo (obtuvo una medalla de oro por una oda sobre la trata de esclavos), allí fue forjando un férreo y controvertido pensamiento radical, cercano al unitarismo (corriente teológica vinculada al cristianismo protestante), que, unido a problemas financieros, propiciaron que cambiara lo académico por lo militar durante un tiempo. De su amistad con Robert Southey, ambos muy influenciados por Platón, surgió la idea de desarrollar la llamada pantisocracia, una especie de sociedad utópica, a modo de comuna, con un gobierno igualitario y libertad de creencias religiosas y políticas para todos sus ciudadanos. Realizaron un infructuoso intento de llevarla a cabo junto con diez familias en Pensilvania, Estados Unidos, a orillas del río Susquehanna. A su regreso a Inglaterra, Coleridge se casó con la escritora y traductora Sara Fricker por compromiso social. El triste distanciamiento entre ambos fue siempre muy manifiesto. Sin embargo, pronto conocería a una figura clave en su desarrollo personal y literario: el también poeta William Wordsworth; una influencia intelectual por quien, definitivamente, decantó todos sus esfuerzos hacia la escritura. Así, naturalizó su voz y experimentó contra las formas tradicionales del verso. En esa etapa publicó su primer volumen de poesía, «Poemas sobre diversos temas», lanzó la revista literaria «The Watchman» y, junto a Wordsworth, dio forma al poemario «Baladas líricas», exponente de la escuela romántica poética, que incluye su famoso texto «Balada del viejo Marinero», febrilmente armónico, misterioso, cargado de hermético simbolismo, dotado de una especial perversa belleza. Otros textos famosos de similar naturaleza estética fueron «Christabel» y «Kubla Khan». Viajó por Alemania aprendiendo el idioma, estudiando la filosofía de Kan, Böhme y Lessing, introduciéndose en el arte de la traducción. Pero su salud física y mental empeoró. Durante los siguientes años vivió mayoritariamente de subsidios y donaciones, aunque trabajó como conferenciante, articulista, escritor a sueldo ocasional e incluso de secretario gubernamental en la isla de Malta. Dejó a un lado la poesía para centrarse en los ensayos sobre teoría sociopolítica, especulación teológica y crítica literaria: «El manual del Estadista», «Biografía literaria», «Ayuda a la reflexión», «Iglesia y Estado», «Confesiones de un espíritu inquisitivo». Samuel Taylor Coleridge pasó los últimos años de su vida en casa de un buen amigo suyo, el médico James Gilman, aislado de la vida pública, trabajando su gran obra filosófica, que dejaría inconclusa tras su esperado fallecimiento (1834).

Gustave Doré (Ilustrador)

Gustave Doré nació en Estrasburgo (1832). Pintor y escultor, está considerado uno de los ilustradores más importantes de la historia: realizó más de diez mil grabados para unas cuatro mil ediciones diferentes a lo largo de su vida. Artista prodigio, con apenas cinco años de edad ya realizaba dibujos de excelente trazo; con quince fue contratado por el editor Charles Philipon para publicarle una litografía semanal y su primera obra, la sátira «Los trabajos de Hércules»; y con dieciséis se convirtió en el ilustrador mejor pagado de Francia. «¡Lo ilustraré todo!», exclamó Doré una vez, y poco le faltó, pues tradujo a imágenes casi todos los clásicos de la literatura universal: Dante («La divina comedia»), Milton («El paraíso perdido»), Cervantes («El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha»), La Fontaine (fábulas), Coleridge («Balada del viejo Marinero»), Balzac («Cuentos droláticos»)… Su versión pictórica de la Biblia, con una gran acogida de crítica y público, le valió para realizar una importante exposición de sus obras en Londres. Y precisamente la capital inglesa destapó toda su inspiración realista como analista social; su visión en «La cárcel de Newgate: el patio de ejercicios» es buen ejemplo de ello, obra que fascinó e inspiró a Van Gogh. Allí, en la cotizada New Bond Street, fundó la Doré Gallery. Las crónicas de viajes fueron también una constante seña de identidad. De sus periplos junto al barón Davillier a través de España, sobre todo por Andalucía, Madrid, Valencia y Galicia, publicó la colección «Le Tour du Monde». Firmó un jugoso contrato de cinco años con la editorial Grant & Co. (de aproximadamente ciento sesenta mil dólares el curso) por pasar varios meses de «peregrinación» en Londres. El resultado fue una guía literaria compuesta por ciento ochenta grabados donde iluminó las sombras victorianas, un retrato «dickensiano», crítico con la el ambiente sociopolítico del momento, que no gustó demasiado a la alta sociedad. Doré falleció en París (1883) mientras terminaba sus dibujos para la obra de Poe «El cuervo».

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