Sin saber el cambio en su camino evolutivo que supondría la pregunta que surgió en su interior, Anna se embarcó en un viaje en el que comenzó a expandir sus horizontes y fue comprendiendo, a medida que conocía los distintos tipos de misiones y seres que formaban parte de una jerarquía que iba más allá de lo que ella imaginaba, la magnitud de la conciencia que un alma podía llegar a abarcar. Para ello, fue más allá de la conciencia de iluminación que ya poseía y, a través de diferentes experiencias, experimentó la Conciencia Dios hasta llegar a despertar en ella los niveles más básicos de la misma. En el proceso conoció también a seres de una naturaleza distinta a aquellos con los que estaba acostumbrada a tratar, como aquellos cuya misión era la de encarnar directamente en un planeta, sol, galaxia, universo e incluso suprauniverso, aprendiendo siempre de cada uno de estos seres para expandir todavía más su conciencia sobre la creación.
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