Ella no solo teme perder a su mejor amigo, teme perder su lugar seguro. Desde que eran pequeños, él ha sido la persona que la entiende sin palabras, la acompaña en los momentos duros y la hace reír cuando el mundo parece gris. Confesar lo que siente sería como poner una bomba en el único sitio donde se siente completamente ella misma. Por eso, cada vez que piensa en decirlo, se imagina dos futuros posibles: -Donde él le sonríe, la abraza y la besa... -O donde él baja la mirada, se aleja y ya nunca vuelven a ser los mismos. Ese peso la paraliza. Y mientras tanto, la vida sigue: él sigue hablando de sus planes, de otras personas, de sueños que tiene o de cosas que desea, y ella siente que está corriendo contra el reloj para decidir si arriesgarse o callar para siempre.
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