No todos los sacrificios terminan con un descanso. Algunos terminan con silencio. Doce años después del día en que el universo fue sellado, el mundo es estable. Demasiado estable. No existen anomalías. No hay grietas en la realidad. No quedan susurros en el viento.Y nadie recuerda a Valeria. Las fotografías desaparecieron. Los registros fueron corregidos. Las conversaciones borradas. No por magia. Por coherencia. El universo eliminó la anomalía completa. Excepto de una mente. Iván recuerda. Recuerda cómo fingía valentía cuando tenía miedo. Recuerda su forma de mirar el cielo como si no le perteneciera. Recuerda el segundo exacto en que el mundo perdió profundidad… y ella dejó de existir. Pero lo que más lo atormenta no es su ausencia. Es la posibilidad de que no haya muerto. ¿Y si el sello no la destruyó… sino que la convirtió en el límite mismo del universo?¿Y si Valeria sostiene el mundo desde fuera, sola, consciente, sin cuerpo y sin tiempo?¿Y si la estabilidad que todos celebran está construida sobre su aislamiento eterno? En un mundo que ha olvidado, recordar es una condena. Y pronunciar su nombre puede ser el acto más peligroso de todos. Porque cuando nadie quede para decirlo…El mundo será perfecto.
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