De entre las múltiples teorías de cómo afrontar la vida, elijo esta para la ocasión: «Hay personas que contemplan la vida a través de un telescopio y personas que lo hacen a través de un microscopio.»
Lucrecia, la protagonista de esta novela, observa desde su telescopio la grandeza del mundo por el que transita y lo quiere todo. Una opción tan válida como otra cualquiera, siempre que las decisiones que se tomen estén sometidas a un análisis con ciertas dosis de rigor y calma, virtudes que Lucrecia no posee.
Una sucesión de malas y precipitadas decisiones, trenes con destinos inciertos y una rebeldía que nadie le ayudó a encauzar, la llevan al ascenso y descenso en un ritmo frenético: es la frustración de Sísifo.
Lucrecia pretende tener el control de sus acciones, e incluso llega a creerlo.
Cuando parece que ha llegado a la meta, cuando parece que está a punto de conseguir el objetivo, aparece un nuevo revés que la devuelve al punto de partida.
Quizás encuentra la paz cuando, al fin, acepta su destino y lo hace suyo.
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