Óscar Escudero
Sus libros

El sendero del río rojo
Llevo media vida cruzando el Llobregat. En coche, en tren o montando en bici, he pasado millones de veces sobre su cauce escuálido y agónico cuando le queda un suspiro para entregarse al mar Mediterráneo. Para la mayoría de los que hemos nacido y crecido más allá de su margen derecha, el Llobregat simboliza la divisoria entre el centro y la periferia, una frontera económica, social y psicológica. En la orilla izquierda los pisos cotizan más y el metro llega a todas partes, y sobre todo viven los de Aquí. En la orilla derecha habitamos los Otros, bárbaros, inmigrantes y charnegos. Durante un tiempo, pertenecer a la tribu del extrarradio me acomplejó. Luego, por efecto rebote, patrañas como patria, bandera o nación se volvieron insulsas. Mi identidad o lo que sea que se parezca a eso no es un sentimiento atávico, sino la imagen presente y eterna del propio Llobregat fluyendo plácidamente entre flancos de caña, arenas terrosas y malas hierbas.

El Joker de ultramar
En 1992, Francis Cabezas llegó a La Habana para negociar el fichaje de un mánager para incorporarlo a las filas del Club de Béisbol y Sóftbol Sant Boi. Para el empresario treintañero que era Francis, aquel viaje representó un antes y un después. Regresó a Cuba y fundó el sello discográfico Magic Music. Reinventado como productor, lanzó a Paulito FG, la Charanga Habanera, Angelitos Negros, Lucrecia y muchos más. Cordobés de nacimiento, unos años atrás Francis había recalado en Cinco Rosas, un suburbio del cinturón de Barcelona poblado de emigrados andaluces, extremeños, gallegos, maños y gitanos. Avispado y audaz, salió del barrio a comerse el mundo. Conquistó a una pubilla de familia notable. Trabajó para judíos y militares, viajó por Europa, aprendió idiomas y refinó su savoir faire. Montó su propia academia de formación y amasó fortuna en plena cultura del pelotazo. Se afilió a CiU y salió elegido regidor del Ayuntamiento de Sant Boi. Desde Cuba presidió la fundación Pablo Milanés, promovió la Feria Internacional del Disco CUBADISCO y organizó El Son Más Largo del Mundo, un concierto multitudinario de más de cuatro días que rompió la barrera del Guinness. Asimismo, orquestó La isla de la música, una antología que cartografió el primer mapa musical de Cuba. Recibió elogios de Billboard, protagonizó reportajes para la CNN y cautivó a los directivos de Universal, a quienes vendió su disquera. La cruzada de Fidel Castro contra los artistas díscolos del boom salsero, los desamores y las adicciones mandaron a Francis de regreso a Cinco Rosas. Desde la libertad y el coraje para enfrentar sus demonios, El Joker de ultramar rememora una trayectoria de auge y caída, de placer y dolor, de culpa y redención.
