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Fernando San Agustín Farlete

Sus libros

Tambores contra el olvido

Tambores contra el olvido

Folclore, mitos y leyendas234 pág.ISBN 9788418314490

El lugar nace como resultado de la violencia ajena. Sus poblasores, de diferentes razas y religiones, se comprometen a tener como norte de conducta el respeto, y como objetivo la convivencia entre las tres religiones y sus costumbres. Amantes de la paz, la rompen únicamente para luchar por la justicia. Unen a la lealtad a toda prueba, a las palabras sabias, al tono moderado, la imaginación, la astucia, y el perfil bajo, el ejercicio de la terrible violencia de los pacíficos, donde el perdón, la piedad y el olvido no tienen cabida para quien trata de romper la convivencia. Por esa lealtad, por esa forma de ser y acturar, los Reyes de Aragón, su primo Rotrou duque de Le Perche, y con ellos, la nobleza aragonesa y gran parte de la nobleza navarra, catalana, del Bearn, la Bigorra y Foiz, adoptaron este Lugar como su segundo hogar. Cuando los intereses económicos y políticos se sobreponen a la justicia y a la convivencia, el Lugar se convierte en el último reducto de quienes solicitan la templanza del Rey sobre el edicto real de expulsión de los judíos. La gente del Lugar invoca la protección que juraron los antepasados de familias nobles de Aragon, Navarra, y Francia.

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La Tertulia de los Suicidas

La Tertulia de los Suicidas

FICCIÓN Y TEMAS AFINES202 pág.ISBN 9797172525639

Este relato da un salto cualitativo cuando pasa de ser la crónica de un tribunal que juzga los motivos del suicida para llevar a cabo su propósito —y autorizarlo o no— a convertirse en una llamada a la lucha de las mujeres por alcanzar su libertad y unos derechos que les son negados desde hace siglos. El tribunal autorizará o no al suicida a tomar su última decisión en función de si es Víctima de soledad, abandono, acoso, violación, abusos, desprecio o fracasos, sin una mano en la que apoyarse para salir de su desesperación o depresión. La mayoría de las Víctimas son mujeres, a quienes, a todo lo anterior, se les suma la falta de libertad, el sometimiento, el miedo, la carencia de derechos, la ausencia de recursos económicos o de contactos, lo que conduce a que sean contempladas más como trofeos de conquista y caza que como seres humanos. Al percatarse de ello, el tribunal de los suicidas intentó transformarse en un tribunal justiciero; pero, finalmente, fue la semilla de la Segunda Guerra de los Cien Años.