Honorinda Cecín de Armas
Sus libros

Dos terruños
Se cincela en este poemario “Dos terruños” la alquimia de dos lugares distantes: San Antonio de los Baños, Cuba, y Cantabria, España, donde se vuelca el alma de la autora. Con encendidos ramos de olivo, enardece su espíritu con la espontaneidad de unos versos que saben a mar, a tierra y a latidos de una cultura que se enlaza en el amor con la mayor de las Antillas. Fluye la brisa y el oleaje del Atlántico de la Conquista, aquella de la que el Imperio se abrevó, y de la que las tierras de América absorbieron su lengua, su heroicidad, su amor y su pasión. Estos versos, henchidos de nostalgia, tratan sobre esos dos terruños que retratan, a la vez, el dolor.

Eros y Thánatos
Encierra este poemario alusiones a la connatural tesitura de la humanidad: el amor y la muerte. Son ambos la fuerza que limita o engrandece al mundo. El Eros, figurilla que sonriente despierta, aluniza en cada ser; en unas ocasiones para reír y en otras, donde el llanto destroza el aliento del alma. Es el amor el canal, el río, la mar que contempla embelesado a la ética (razón) de su apremio. No exige, solo siente. Y en ese contemplar está la nobleza del sentimiento. No siempre ese altruismo es la fuente creadora del amor; a veces, esa filantropía se encierra en los cánones de un egoísmo obsesivo que maltrata, aterra. Pero este, mi poemario, no contempla esas incongruencias. En él vive el amor, el amor hacia el ingente lazo que nos une a los seres humanos y en el que el racismo se hiere y se ajusticia. > > Thánatos, antítesis de ese Eros mayestático, pulsa su embrión al nacer: es la muerte. Siempre nos acompañará en nuestro correr por esos confines al arbitrio de nuestra naturaleza o destino. Concepto freudiano que representa la autodestrucción y en el que se abre una escenografía y actuación cargadas de duras pruebas, donde el hombre trasiega sin alcanzar, en general, sus objetivos; metas que lo deshumanizan y convierten en un despojo de su generación que tiene como contrapunto las guerras, las injusticias laborales, sociales o de razas. El entorno, sagaz elemento de la naturaleza, convive en este poemario con la lucidez de los momentos que nos han atrapado en ellos. Las calamidades naturales aúnan este panorama que, sin convocar a la muerte, refleja los hilos ancestrales que han creado al hombre como insustituible en este medio de raciocinio no casual. >
