Jesús R. Toledano Toledano
Sus libros

Más allá de la enfermedad
A María Dolores, mi esposa, en el mes de marzo de 2017 se le diagnostica una afectación neurológica múltiple, que compromete severamente distintas partes de su cerebro.
Hasta ese momento nuestra vida, como la de la mayoría de las personas, había tenido luces y sombras. Más de las primeras que de las segundas. O al menos, aquellas tenían un brillo que ocultaba cualquier oscuridad.
Sin embargo, esta vez la sombra que vino para María Dolores a modo de enfermedad neurológica degenerativa sería inmisericorde. Yo lo sabía. A ella se lo oculté como pude.
A lo largo de las páginas de este texto, al que caracteriza la brevedad y la modestia que me ha guiado al hacerlo, he reflejado no sólo la evolución física sino también la emocional y, sobre todo, la espiritual de los protagonistas de la vivencia.
No he querido pasar de puntillas sobre lo que es el leitmotiv de este libro: hablar de la persona y de los avatares de la vida. De esta manera, quise convertir el relato de Más allá de la enfermedad. Una historia de amor en una historia de vida, de cariño, de tristeza y de alegría. He querido que sea un refugio de paz y ternura que anida en lo más hondo de mi corazón. Refugio que deseo compartir con todos aquellos que quieran darle una oportunidad al amor, más allá de cualquier adversidad.

NO LO DUDÓ
Para Clara y su familia, aquel lunes no iba a ser uno más. Ellos no lo sabían, pero a partir de ese momento sus vidas nunca volverían a ser como antes habían sido. El día empezó como todos los lunes: tranquilo, previsible y con las prisas del comienzo de la nueva semana. Al menos, eso parecía para todos ellos. Sin embargo, la realidad que se les vino encima ni en su peor pesadilla la hubieran imaginado. Fernando, el esposo de Clara, no paraba de dudar, conforme pasaban los días, si estaba despierto, si aquello realmente estaba sucediendo o si seguía atrapado en una pesadilla que no le daba tregua, por más que se repetía una y otra vez que era un mal sueño del que acabaría despertando y que su vida, con su esposa y sus hijos, seguiría siendo la de siempre. El lunes 27 de septiembre de 2004, Clara salió de su casa, se despidió de Fernando y de sus hijos, como siempre lo hacía, dándoles un beso, y este fue el último beso que de ella recibieron.
