Koldo Anasagasti
Sus libros

Y llegaron galernas
Año 1941, Algorta, Bizkaia. Tras una cruel guerra, las delaciones han llevado a algunos vascos al paredón de ejecución. Carmelo Armendariz es uno de ellos. Su hijo Peli quiere vengarse del soplón y resuelve asesinarlo. Eladio Zubiaga, médico, esconde pruebas y don Genaro, el párroco de San Nicolás, investiga lo escuchado en secreto de confesión. El Régimen, impuesto a sangre y fuego, se muestra implacable frente a una población dolorida y asustada, que pasa hambre y penalidades. Todos, salvo los que colaboran con él.

Clandestina
A fin de contrarrestar las mentiras del régimen de Franco y poner voz al silencio de aquello que éste no quería contar, entre los años 1965 y 1977 emitió desde Venezuela la estación clandestina Radio Euzkadi.Un grupo de jóvenes pertenecientes a EGI (Euzko Gaztedi Interior), alentados desde Donibane Lohitzun por Joseba Rezola, Vicepresidente del Gobierno Vasco en el exilio, y dirigidos por Jokin Inza, diseñó e instaló a sesenta kilómetros de Caracas, en plena selva, dos transmisores, un grupo electrógeno y una gigante antena romboidal. Vigilando y operando ese precario dispositivo estuvo durante esos doce años un antiguo gudari, Ixaka Atutxa, hombre recio donde los hubiera, quien se ofreció a proteger, incluso con su propia vida, la emisora que hacía llegar al mundo, cada día, la voz de la Resistencia Vasca.Este logro fue posible gracias a la entrega y al arrojo de los partícipes, a la connivencia de los diferentes gobiernos venezolanos y a la aportación económica de la comunidad vasca en ese país del Caribe.Se imponía la discreción. Ninguna persona fuera del grupo debía conocer su ubicación, por eso se referían a ella con el nombre de La Txalupa, para hacer ver que estaba situada en una embarcación en alta mar, y llamando Macuto al lugar físico donde se hallaba.Clandestina es una gesta real, narrada en forma novelada.

Aunque silben las balas, te escribiré
Aunque silben las balas, te escribiré reúne cuatro relatos sobre la guerra civil (1936-1939), en los que una carta o una nota, tiene especial relevancia en cada una de las historias.
El primero de ellos, El joven que lo dio todo, recoge la frustración de los deportistas que fueron a Barcelona a competir en la olimpiada paralela a la de Berlín, y que no pudieron hacerlo al producirse el alzamiento militar del 18 de julio del año 1936. La trama se centra en aquellos que tomaron las armas y defendieron su ideología frente a los sublevados.
La segunda historia, En el monte de la sangre, nos cuenta cómo un padre se afana con rabia y resolución por conocer la verdadera causa de la muerte de su hijo, caído en combate en el ataque a la cumbre del Saibi.
Solo soy una enfermera, el tercer relato, retrata las vicisitudes de una joven que sana las heridas de un hombre de ideas contrarias a las suyas, y la repercusión que este hecho tiene en su futuro.
Por último, Sabin, maitia es un intercambio epistolar entre un joven gudari recluido en el campo de concentración de Gurs, y su novia, maestra apartada de su trabajo, dedicada ahora a labores campesinas y ganaderas en su caserío de Berango. A través de estas cartas viviremos la crudeza del trato a los soldados presos en Francia y las penurias que tienen que vivir quienes han permanecido en tierra vasca.
