Salvador Moret Martínez
Sus libros

Mentiras.
La inspectora Marcos decidió acelerar su plan. Sin pérdida de tiempo marcó un
número de teléfono. “A ver si tengo suerte” –siseó mientras esperaba.
Estaba intrigada por conocer a este Javier a quien llegó a poner en la lista de
sospechosos cuando todavía no sabía de quién se trataba.
̶ Soy Elena Marcos, de homicidios –se identificó nada más oír la voz de Javier
Fuentes –y quisiera hablar con usted. ¿Podría venir a comisaría dentro de media hora?
Durante unos segundos solo silencio; la inspectora, antes de recibir un no por
respuesta, se apresuró a allanar el camino.
̶ Sí, ya sé que es un tanto inoportuna mi petición, pero le aseguro que solo serán
cinco minutos.
̶ Me saca usted del trabajo, agente.
̶ Inspectora, si no le importa –rectificó Elena Marcos.
̶ Perdone, inspectora. Pero el caso es que estoy ocupado.
̶ Si le incomoda, puedo desplazarme a donde usted me diga.
̶ No, no es necesario –negó rápidamente Javier Fuentes –espéreme en comisaría.
Intentaré ser puntual.
̶ Se lo agradeceré.

Arroz con anguilas
¡Ah, sí, el aborto!
Estas palabras sonaron a música celestial. ¡Qué obsesión la mía con el aborto! Pero yo todavía no era consciente. Me daría cuenta después.
̶ Puedo imaginar – comenzó a decir Jacinta, esta vez con energía – que mi decisión de buscar un remedio drástico al embarazo de Amparo os pareciera un escándalo, viniendo de una religiosa como yo. Y, aunque no fuera así, os planteo la pregunta que últimamente me he hecho yo infinidad de veces. ¿Qué haríais vosotros si vuestra hija viniera un día y os dijera que está embarazada y no sabe quién puede ser el padre? ¿Ferrer? un bellaco y drogadicto. ¿Rubio? otro rufián dado a la bebida, que a pesar de su juventud casi siempre está borracho ¿Daniel? que no siendo pendenciero como los otros es un redomado vago, o algún otro de la misma catadura.
Siguió un tenso silencio, mientras sobre mi conciencia caían cuchillos afilados que me desplazaban del pedestal en el que estaba asentado. ¡Qué momentos de angustia! De repente ya no sentía ningún deseo más por saber qué opinaba Jacinta sobre el aborto, cuando advertí mi equivocación de querer arreglar la vida de los demás.
La despedida fue un tanto comprometida, y a lo más que llegamos fue a lamentar las circunstancias por las que estaba pasando, absteniéndonos de exteriorizar una opinión sobre el aborto y la decisión que pudiera tomar.
