
Antonio Costas
Con más de 80 años cumplidos y ya retirado, Melchor ha decidido dar a su vida, un nuevo impulso y ha querido dedicarse a escribir, adoptando para esta primera novela el seudónimo de Antonio Costas. Una vez terminados sus estudios de derecho, se dedicó enteramente a la empresa que había fundado su padre: agencia de viajes. La gestión del negocio le ha llevado a conocer todo nuestro mundo, y recorrer en múltiples ocasiones varios países de América. Nació en el seno de una familia acomodada, de padre catalán y madre gallega, y gozó su juventud con sus 6 hermanos y hermanas, de los que sigue disfrutando, aunque alguno de ellos desgraciadamente ya han fallecido.
Su libro

Aquellos días
Antonio Costa, es un hombre, ya maduro, con más de 70 años, jubilado y viudo, que después de haber llevado una vida muy ordenada y de mucho trabajo, se aburre viendo pasar un día tras otro, sin nada que hacer. Es un buen padre de familia, con dos hijos casados y dos nietos y disfruta mucho de todos ellos. Espera siempre que, al menos una vez por semana, puedan juntarse con ellos y escuchar sus historias. Decide que va a escribir, pero la inspiración no le llegaba, así que decidió salir a la calle a buscarla. A partir de ese momento, su vida cambia completamente porque esa misma mañana es testigo de un asalto muy violento en el que fallece una mujer. Su vida se complica mucho, y debe abandonar su identidad por seguridad, trasladándose a vivir a una pequeña ciudad del norte de Madrid, donde conoce a Marisa, que se encuentra viviendo con su hija, en condiciones similares a la suya, por haber sido igualmente testigo de un arreglo de cuentas, donde asesinan a su marido. El Inspector Jefe Pascua, quien está detrás de la investigación policial, velando por su seguridad, ha dispuesto de las medidas de protección y mantiene con ambos un trato muy personal. Los días van pasando y varios hechos se suceden, no exentos de violencia, pero que van ayudando poco a poco a devolverles las ganas de vivir, y seguir disfrutando de la familia.
