
Antonio Lafuente del Pozo
Antonio Lafuente del Pozo Fotógrafo, artista visual y comisario de exposiciones. Nace en Madrid y desde muy joven, tal vez por antítesis con sus apellidos de agua dulce, siente la llamada del mar y eso le lleva en 1993 a dejar definitivamente Madrid para instalarse en Maro (Málaga). En 1998 se traslada a Málaga ciudad y ya en 2019 se afinca en Torremolinos. Desde 1976 hasta hoy ha llevado a cabo 22 exposiciones individuales y ha participado en 51 colectivas. A lo largo de una dilatada trayectoria, ha diseñado y editado durante años varias revistas y sus portadas, tales como Gratix, Alfoz –Madrid, territorio y sociedad–, y recientemente en Málaga, Cuadernos del Rebalaje. Ha creado cubiertas de discos de vinilo y CDs, portadas de libros, carteles, etc., y ha llevado a cabo numerosos trabajos comerciales y publicitarios además de artículos y blogs. También ha escrito varios relatos como, Conversaciones con una piedra, Mensajes del más Allá, Parábola del pollo, Un encuentro fugaz, Un justiciero sin par, y Guasón, entre otros. Esta, su primera novela El artista replicante, en clave de humor satírico mezcla ironía, realidad y ficción.
Su libro

El artista replicante
Una tarde lluviosa, en un pueblo de la costa malagueña a mediados de los años 90, Guillermo, propietario del bar La Piragua, entabla conversación tabernera con Alterio, un pintor que se gana la vida vendiendo copias de una sola obra a los turistas que por allí pululan. Alterio, cual “Ulises” guanche, comienza su narración en El Tanque, aldea tinerfeña que lo vio nacer, donde huyendo de un fatal destino se embarca en una larga travesía hacia la península para buscar a su hermano desaparecido desde que él era niño. Así, a lo largo de su viaje, junto a letras de boleros, coplas, tangos y canciones pop, amén de Módulos, Triana y Golpes Bajos, entre otras músicas que acompañan su camino, Alterio, al contrario del héroe griego, no enfrenta monstruos, ni brujas, sino marineros “hermosos y rubios como la cerveza” que lo ayudan en su periplo, “hechiceras” que lo transforman en pintor, bellas “sirenas” cantarinas sin cuerpo de pez que lo inician en el amor o “princesas” que comparten su peculiar odisea. Mujeres sabias y fuertes conforman su identidad y el universo conspira a su favor mediante tentadoras promesas de un futuro esplendoroso aunque incierto. El tabernero, inmerso en una vida sin grandes aspavientos, escucha las experiencias y placeres que el pintor describe con gran lujo de detalles, haciéndolas suyas en ocasiones incorporando sus propias opiniones a pie de mesa entre trago y trago de ron pálido. Durante el viaje, Alterio trata de encontrar su propia voz permitiéndose vivir con la intensidad, la pasión y el propósito que el “hado” pone en su camino, sin perder el espíritu guanche que lo acompaña desde que abandonó
Tenerife. ¿Lo consigue o no? A Guillermo le ha llevado cinco intensas jornadas averiguarlo.
