E. Sáez Portilla
Eulogio Sáez Portilla siempre ha tenido a gala ser de pueblo. Concretamente, de Oiardo (Oyardo), en Álava.
Ha aprovechado la disponibilidad de tiempo, una vez alcanzada la edad de jubilación, para ponerse a prueba y tentar su desatendido y medroso interés por contar cosas.
Se aventuró a continuar con una idea surgida en los primeros años del siglo y que finalmente ha dado por cerrada. La ha titulado Pretérito futuro.
Los días de confinamiento domiciliario decretados para afrontar la pandemia de COVID-19 le facilitaron horas de concentración y recogimiento para dedicarlas a otro proyecto antiguo y durante años pospuesto: escribir sobre sus recuerdos de infancia.
Estos son los Recuerdos de un rústico urbanita.
Sus libros

Pretérito Futuro
Xabier y Lorea podrían simbolizar los miles –millones– de personas que han sufrido o sufren los efectos y secuelas de la violencia provocada por el fanatismo ideológico o religioso. Él intenta conocer, con esfuerzo y diligencia intelectuales, por qué su familia está perseguida y vive acorralada en un ambiente de crispación y odio que atenta contra sus vidas. Quiere llegar a los orígenes del llamado «conflicto». Ella intenta resolver, con sacrificio y renuncias personales, lo que considera consecuencias de ese «conflicto» sobre la sociedad en la que vive. Sugestionada por una ideología que, para superarlo, propugna la legitimidad de la lucha armada y de una violencia que puede llegar hasta el secuestro de personas y al asesinato. Con el tiempo, desde sus propias circunstancias y vivencias, Xabier y Lorea irán buscando alguna fórmula de redención. Desde posiciones enfrentadas, desde ideas contrapuestas, ambos se aproximan a un mismo destino. Que nunca debiera ser la desaparición ni el olvido.

Recuerdos de un rústico urbanita
Recuerdos de una infancia. Nada más comenzar, ya se advierte al lector de que «la memoria es quebradiza y acomodable».
Quizá por esa convicción personal, este libro está dividido en capítulos que se refieren a pequeños retazos de una vida. Retazos que, mejor o peor explicados, se tratan independientes unos de otros y libres de cadenas cronológicas.
En general, todos ellos con un trasfondo alegre y optimista. Como la infancia misma.
«La infancia es nuestra primera vez de casi todo».
