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J. D. Morán

J.D. Morán es el seudónimo con el que el autor afronta el relato novelado de una historia que

abordó en anteriores ocasiones desde el campo de la investigación. De ahí que el seudónimo

no responda a un deseo de ampararse en el anonimato, sino a la idoneidad de discernir entre

novela y todo lo anteriormente por él publicado en las últimas tres décadas.

Aunque el de Romasanta se considera uno de los casos de licantropía más notorio y preclaro

del siglo XIX, en este trabajo el autor lo pone en duda con solo una adecuada reinterpretación

de los hechos. Solo con eso y sin necesidad de tocar nada más. Nada se cambia, basta con leerlo de otra forma.

Su libro

Yo, Romasanta

Yo, Romasanta

FICCIÓN MODERNA Y CONTEMPORÁNEA312 pág.ISBN 9788411598880

Yo, Romasanta, Los papeles de Nombela, es la reinterpretación de los hechos que convirtieron a Romasanta en «el hombre lobo» y el primer killer de nuestro país. Pero ¿y si Romasanta nunca fuera tales, ni a los desaparecidos hubiera dado muerte como él dijo y la justicia sentenció? ¿Y si el negocio de la grasa humana no fuera más que producto de la rumorología? ¿Y si la leyenda no fue más que la proyección de una historia plagada de dudas? La investigación sufre un vuelco considerable con solo afrontar la adecuada reinterpretación de lo sucedido. Entonces cambia totalmente la historia, los papeles de los actores y la suerte de las víctimas. Así que pongamos que ahora tenemos el relato novelado de una historia de licantropía sin licántropo; de muertos sin muertes ni cadáveres; de casi siempre el mismo viaje a cualquier parte menos a donde él dijo; de la búsqueda de una prosperidad invocada pero jamás alcanzada; y de un todo que la justicia sentenció como más le convino.

Para ello bastó con introducir un solo elemento. El que resuelve que no tuviera por qué haber cadáveres si vivos valían más que muertos. Por más que el giro pueda parecer inverosímil y el guion osado, la reinterpretación de los hechos no precisó alterar nada de lo sucedido, solo interpretarlo de otro modo.

A primeros de 2017, alguien desde la localidad toledana de Nombela aportó el indicio del que arrancó esta historia.

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