
Jesús Vegazo Palacios
JESÚS VEGAZO PALACIOS (Sanlúcar de Barrameda, 1966) es licenciado en Geografía Humana por la Universidad de Sevilla y Jefe del Departamento de Geografía e Historia del IES “Cástulo”, en Linares (Jaén). Prolífico conferenciante, es autor de más de 30 publicaciones, incluyendo ponencias y comunicaciones a congresos nacionales e internacionales, además de artículos en revistas y en prensa. Ha cosechado un notable éxito con obras como El Auto General de Fe de 1680 (Algazara, 1995), La desamortización eclesiástica en Sanlúcar de Barrameda: 1835-1845 (Padilla, 2007), Felipe V y la publicística del poder: la empresa militar de Italia, 1700-1702 (Chiado, 2011), Sanlúcar de Barrameda: encrucijada de cargadores, cosecheros y prestamistas, 1750-1860 (ASEHA, 2014), FVGA MVNDI: los conventos de clausura masculinos de Sanlúcar de Barrameda en tiempos de la desamortización (1814-1836), vol. 1 y 2 (Peripecias Libros, 2023/2025) y Epistolario: Real Sociedad Económica de Amigos del País de Sanlúcar de Barrameda (1781-1794) que forma parte de la Colección Archivo General de la Diputación Provincial de Cádiz (2024). En 2016, trascribió el primer tratado de viticultura de Cádiz (1784), atribuido al ilustrado sanluqueño Francisco Terán Palacios y del que la prestigiosa revista nacional de vinos Vinetur se ha hecho eco*.* Finalmente, ha sido colaborador habitual en la sección de Historia del periódico digital nacional El Español.
Su libro

Viruela y vacunación. La campaña filantropica de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Sanlúcar de Barrameda
A principios del siglo xix, Sanlúcar de Barrameda se vio azotada por la execrable epidemia de la viruela, la afección contagiosa más letal del Antiguo Régimen. Sin embargo, entre 1804 y 1807, la Real Sociedad Económica de Amigos del País resolvió desafiar a la fatalidad tras embarcarse en una impredecible empresa: impeler una campaña popular gratuita de inmunización, valiéndose de la serosidad de la viruela vacuna. Además, sus comisionados esparcieron el antídoto por los municipios de Chipiona y Trebujena.
Fueron aproximadamente 885 sujetos quienes recibieron la protectora inyección. Generaciones de sanluqueños se salvaron gracias al ahínco de un puñado de ilustrados, que creían ciegamente en la ciencia médica para erradicar la infestación. De manera altruista, la Junta o Comisión de la Vacuna inoculaba el pus a los más desamparados en la sede matriz de la Sociedad Económica ubicada en el Hospicio de Niñas Desamparadas de Nuestra Señora de la Concepción (antiguo convento de la Compañía de Jesús). Pero incluso los cirujanos llegaron a vacunar con agujas de precisión en viviendas particulares.
Recién nacidos, zagales, hombres y mujeres de toda condición, profesión y edad de Sanlúcar de Barrameda comprendieron que la inoculación de la acuosidad vacuna había revolucionado el campo de la medicina tradicional y que no solo rezar a Dios era suficiente para esquivar la guadaña de la muerte.
