jose Mª Lobo Almazan
Sus libros

Las Glorias sevillanas en los primeros años del siglo XX
Sevilla, ciudad que desde siempre, salvo en algunos momentos que no quisiéramos que se repitieran, se entregó de forma muy favorable a la celebración de todo tipo de manifestaciones populares religiosas, encuentra en esta obra una descripción detallada de esa religiosidad popular a partir de una magnífica documentación existente en nuestra Hemeroteca Municipal sevillana, de donde se extrae, día a día, un conjunto de referencias a lo largo de la primera década del siglo XX, constituyendo, como afirma en el prólogo Abel González Canalejo, “un precioso mosaico donde cada piececilla es una noticia publicada por la prensa sevillana entre 1901 y 1910, y a través de cuyo conjunto brilla –luminosa y polícroma- la Sevilla de aquella época”.

Sevilla, ciudad de culto externo
Sevilla, en la segunda década del siglo XX, siguió contando con innumerables manifestaciones populares religiosas, organizadas tanto desde las hermandades como desde las parroquias, donde sus rectores mostraban una implicación total con el culto externo. La ciudad, que en absoluto extrañaba estos desfiles procesionales, convertía lo externo en interno y se conformaba toda ella como una gran basílica monumental. No es de extrañar por ello, que en cualquier calle o plaza nos podamos encontrar un pequeño altar adosado a la pared, bien de cerámica o incluso con algún tipo de imaginería, soporte permanente cuyo poder de convencimiento hace que su mensaje funcione con plenas garantías de éxito. Nadie podrá ignorar su presencia en el rincón más inverosímil del escenario urbano y en apenas un segundo acaparará su atención, aun sin quererlo, ejerciendo su fascinación, mostrando el atractivo de su soporte y haciendo digerir y aceptar sin discusión, su belleza y mensaje.

La prensa difunde las procesiones sevillanas
Es fundamental para cualquier estudio histórico que se quiera hacer sobre Sevilla, el acudir a esa fuente viva que sigue existiendo gracias al trabajo de numerosos intelectuales y a la ayuda incalculable de las distintas instituciones de la ciudad. En esta ocasión, siguiendo las mismas fuentes que en los dos anteriores títulos publicados sirvieron para conformar veinte años de una historia muy particular de nuestra Sevilla, sumamos una tercera década de acontecimientos gracias a lo que en su momento dejaron, de forma escrita y gráfica, un número de grandes periodistas, que en la mayoría de los casos se mantienen en el anonimato y que de forma conjunta resaltamos con sus informaciones en esta colección titulada “Las Glorias sevillanas”. Las ilustraciones que acompañan al texto de este ejemplar, nos muestra algunas de las muchas páginas que hay que estudiar para poder elaborar la historia de unos momentos vividos, encontrándola no solamente en la prensa sevillana sino también en la prensa de fuera de la ciudad.

Sevilla recupera el culto externo
Había que perdonar y tratar de volver a la normalidad para poder darle a los sevillanos una vida muy distinta a la vivida. La vida de la ciudad tenía que recuperar sus tradiciones y había que trabajar mucho para reparar lo destruido. Sevilla tenía que ser otra. Sus procesiones volvieron a salir a la calle sin llegar a tener los problemas que sufrieron durante los años de la república, las hermandades lucharon por encontrar nuevas Imágenes con las que sustituir a las perdidas en los tristes acontecimientos de la guerra civil, y sobre todo, lo más importante, la mayoría de los creyentes tuvieron que unirse aún más para afrontar las distintas adversidades. Nacieron nuevas hermandades, se reorganizaron otras y se potenció mucho el culto externo. En este ejemplar que cierra la colección titulada "Las Glorias sevillanas" y dedicado a la década sevillana de 1941 a 1950, nos podemos encontrar como en los anteriores, con un gran número de manifestaciones populares religiosas con los que engrandecer la historia de nuestras Hermandades y Cofradías.

Sevilla vivió también la otra memoria histórica
En este número de "Sevilla vivió también la otra memoria histórica", intentando reflejar tan sólo aquellas manifestaciones populares religiosas llevadas a cabo en la calle, como se ha venido desmenuxzando en los ejemplares anteriores de la colección "Las Glorias sevillanas", no hay más remedio que reseñar aquellos acontecimientos que alteraron de forma radical el calendario procesional que se venía desarrollando en la ciudad. Se prohibió el culto externo por parte del gobierno en fechas muy concretas, y se vivieron momentos de amedrentamiento continuo por parte de grupos incontrolados, que viendo en Dios a su mayor enemigo se dedicaron a atentar contra los sentimientos católicos de los cofrades sevillanos, quemadno iglesias y conventos, y destrozando un patrimonio cultural de una riqueza muy importante y perteneciente a toda Sevilla. Esta conjunción de actitudes justificarán esa sequia procesional existente en algunos años con respecto a la generalidad de todo el periodo analizado.

El siglo XIX finaliza en Sevilla con procesiones en la calle
"El siglo XIX finaliza en Sevilla con procesiones en la calle", de José M.ª Lobo Almazán, es un fascinante recorrido histórico que transporta al lector a los últimos años del siglo XIX, una época de transformaciones y tradiciones profundamente enraizadas en la ciudad de Sevilla. A través de un riguroso análisis de las hemerotecas y archivos de la época, el autor reconstruye las procesiones, cultos y manifestaciones religiosas que llenaron las calles de la ciudad entre 1891 y 1900. Este libro no solo documenta con precisión las celebraciones religiosas y el contexto social que las rodeaba, sino que también aporta una perspectiva cultural única sobre cómo estas tradiciones fortalecieron el vínculo entre la ciudad y sus habitantes. Cada capítulo explora desde las procesiones más emblemáticas hasta pequeños detalles de la vida cotidiana de los sevillanos, brindando una experiencia inmersiva y detallada. Ideal para amantes de la historia, devotos de la Semana Santa y estudiosos de la tradición religiosa y cultural de Andalucía, esta obra es un tributo al legado espiritual y social de una Sevilla que cerraba el siglo XIX con devoción y esplendor en sus calles.

Nuevas esperanzas para la iglesia sevillana
En el periodo que se analiza en este trabajo, es muy importante considerar la llegada a Sevilla en 1883 como arzobispo de fray Ceferino González y Díaz-Tuñón, quizás el más tomista español de aquellos momentos y al que lo animaba un espíritu relativamente tolerante y abierto para un pueblo como el español de la época. Dentro del trabajo desarrollado en su mandato, hizo reformas, creó nuevos departamentos y muy importante fue su labor en la fundación y fomento de numerosos institutos religiosos: Escolapios, Hermanas del Servicio Doméstico, Hijos de Cristo Rey, Capuchinos y Franciscanos, Hermanitas de los Pobres, Compañía de María, Congregación de Nuestra Señora de Loreto “irlandesas”, Hermanas de la Enseñanza, los catecismos dominicales, y un largo etc. En este mandato de fray Ceferino parece que se vivieron nuevas esperanzas para la iglesia sevillana, volviéndose a una normalidad en sus manifestaciones populares de culto externo y organizándose en momentos de penuria muchas procesiones de rogativas.
