
José María Lobo Almazán
José María Lobo Almazán ve de nuevo salir a la calle parte de su trabajo sobre “Las Glorias Sevillanas”, recopilando todo lo acontecido, según la prensa sevillana, sobre la religiosidad popular vivida en la Sevilla del periodo de 1881 a 1890. Muchas horas de estudio en la consulta de algo más de 6.000 periódicos, y obteniendo tras la lectura de sus aproximadamente 25.000 páginas, la base con las que documentar el texto del presente libro. Aun cuando la intención de su autor, desde un principio, fue el conseguir agrupar todas las manifestaciones de culto externo habidas fuera de la Semana Santa, trabajo tras trabajo nos viene ofreciendo, además, mucha información sobre los cultos internos habidos en nuestras hermandades y cofradías, y que por desgracia, muchos de ellos se desconocen en las propias corporaciones. También y porque así se le ha venido demandando, las notas se ven aumentadas con otro tipo de información; aquellas que por el paso del tiempo hicieron que cayesen en el olvido, y que a juicio del autor, pudieran ser de utilidad para aquellos estudiosos que en un futuro pudiesen acudir a este trabajo. Con cada número que ve la luz, José María va viendo cumplido su deseo de ofrecerle a Sevilla, a la que tanto quiere, la historia de cien años de religiosidad popular, referida sobre todo a las manifestaciones de culto externo, a las de culto también interno y a la vida relacionada con nuestras Hermandades y Cofradías, completando una recopilación, inexistente hasta el momento.
Sus libros

Las Glorias sevillanas en los primeros años del siglo XX
Sevilla, ciudad que desde siempre, salvo en algunos momentos que no quisiéramos que se repitieran, se entregó de forma muy favorable a la celebración de todo tipo de manifestaciones populares religiosas, encuentra en esta obra una descripción detallada de esa religiosidad popular a partir de una magnífica documentación existente en nuestra Hemeroteca Municipal sevillana, de donde se extrae, día a día, un conjunto de referencias a lo largo de la primera década del siglo XX, constituyendo, como afirma en el prólogo Abel González Canalejo, “un precioso mosaico donde cada piececilla es una noticia publicada por la prensa sevillana entre 1901 y 1910, y a través de cuyo conjunto brilla –luminosa y polícroma- la Sevilla de aquella época”.

Nuevas esperanzas para la iglesia sevillana
En el periodo que se analiza en este trabajo, es muy importante considerar la llegada a Sevilla en 1883 como arzobispo de fray Ceferino González y Díaz-Tuñón, quizás el más tomista español de aquellos momentos y al que lo animaba un espíritu relativamente tolerante y abierto para un pueblo como el español de la época. Dentro del trabajo desarrollado en su mandato, hizo reformas, creó nuevos departamentos y muy importante fue su labor en la fundación y fomento de numerosos institutos religiosos: Escolapios, Hermanas del Servicio Doméstico, Hijos de Cristo Rey, Capuchinos y Franciscanos, Hermanitas de los Pobres, Compañía de María, Congregación de Nuestra Señora de Loreto “irlandesas”, Hermanas de la Enseñanza, los catecismos dominicales, y un largo etc. En este mandato de fray Ceferino parece que se vivieron nuevas esperanzas para la iglesia sevillana, volviéndose a una normalidad en sus manifestaciones populares de culto externo y organizándose en momentos de penuria muchas procesiones de rogativas.
