Juan Barreno Villar
Juan Barreno es un poeta de vocación —no de profesión—, de vocación apasionada y diríamos que irrefrenable. Vemos, sabemos, que cualquier tema que toca lo transforma en un acto poético, porque su visión del mundo y de la vida, del más allá y de la misma muerte están concebidos sub specie poética. Por eso no puede dejar de «hacer» poesía o, mejor, de «escribirla». Le es consustancial, ya sea con ese genio del que hablaba Sócrates, una especie de inspiración personal o simplemente con ta-lento, o puede que con ambas cosas.
Sus libros

Tránsito
“Soy el centinela de la llave de las puertas que obturan dos mundos…” Juan Barreno Villar propone el Tránsito entre dos mundos que se sintetizan en uno, como los puntos que defnen y delimitan los extremos de una recta, de un camino. Fronteras, o tal vez fragmentos del mismo universo, entre las que el poeta transita sin freno porque “El mundo no para ni para despedir a sus muertos”. Los versos de Tránsito son la vida y la muerte, ida y vuelta. Llegada y Retorno de “Tiempo nuevo. Tiempo sin tiempo. Tiempo de esferas rotas o agujas caídas.” Un lugar sombrío en el que el poeta siente que reclaman su alma, quebrándole el aliento y la ilusión, extenuándole hasta preguntarse: “¿Tanto fatiga y agota la muerte?”.

Hacía la otra realidad
Desde el comienzo de este poemario, observamos que la dedicatoria del mismo va dirigida a su abuela María, que no elude referencias a su propia niñez: en el prologuillo que abre el libro, hablando de las dificultades del lenguaje, nos dice que su época escolar —posiblemente como en tantos escritores— fue poco fructífera en los aspectos lingüísticos y literarios. Esta especie de captatio benevolentiae no está muy justificada, pues hay que indicar que el libro posee un rico lenguaje, del que sería útil hacer un repaso, aunque este no sea el lugar. Podríamos decir que Juan es un escritor autodidacta, con lo positivo que encierra el término en el sentido de que no pertenece a cenáculos ni a grupos intelectuales de salón.
