Luis Orgaz Fernández
Profesor por vocación y en constante deseo por llegar a ser un humanista, nació en Toledo un 20 de junio de 1957. Para entender y explicar la conducta humana, se licenció en Psicología, y para buscar las causas y consecuencias del devenir de las sociedades, estudió Historia y alcanzó una cátedra de instituto en esta especialidad. Tras una vida dedicada al cien por cien a la docencia y a la gestión educativa, consiguió la ansiada jubilación, que no consiste en parar, sino en activar otros objetivos personales y profesionales. Así, escribir se ha convertido en una pasión, escribir y «hacer» Historia. Recorrer y analizar las estructuras, las coyunturas, los acontecimientos históricos, sin dejar a un lado las anécdotas que ayudan a completar el conocimiento del pasado. Y siempre desde la comprensión de las mentalidades colectivas y las características personales e intelectuales de los personajes relevantes. Pasó una etapa haciendo pensar a los jóvenes y ahora le toca disfrutar haciendo llegar a quien lo desee la Historia de España en detalle.
Sus libros

La Inquisición
Los españoles llevamos desde hace siglos unos estigmas de los que no logramos desprendernos. Sin embargo, ni a todos los españoles nos gusta que los toros mueran en la plaza, ni asesinamos sádicamente a tantos nativos americanos, ni la Inquisición hizo y fue lo que habitualmente se dice.
Esta obra no pretende limpiar nada, ni demostrar que la labor inquisitorial fue razonable, ni justificar la inmensa cantidad de injusticias y atrocidades que se cometieron. La Inquisición no tiene disculpa y supone una aberración moral organizada por el deseo de controlar las ideas, el pensamiento y las conductas desde el poder religioso y político y, todo ello, desde la crueldad y en un contexto de rapiña económica. Pero la Inquisición, como cualquier obra humana con una fuerte influencia en la Historia, requiere que se indague en lo que realmente fue. Solo pretendo encontrar las verdades y mentiras que se cuentan del Santo Oficio, desenmascarar los tópicos que se dan por ciertos sin serlo y, sobre todo, que los españoles que así lo deseen asuman un pasado histórico razonado, contextualizado y sin complejos, despojándose de un sambenito que tanto les pesa.
Esta obra, basada en gran parte en documentos originales, pretende mostrar qué fue, cómo actuó, cómo surgió y cómo desapareció esta institución cuyo epitafio firmó Mariano José de Larra el dos de noviembre de 1836 en un artículo que publicó en el Español. El artículo se titulaba «El día de los difuntos de 1836 – Fígaro en el cementerio –» y en uno de sus párrafos se podía leer:
¡Santo Dios! Aquí yace la Inquisición, hija de la fe y del fanatismo: murió de vejez.

Cuatro reinas
Durante siglos, las sociedades han sido dirigidas habitualmente por varones. Sin embargo, esta dinámica que hoy afortunadamente se está rompiendo ha tenido excepciones en el pasado. Estas excepciones no son numerosas, pero sí son tan relevantes como injustamente poco conocidas o valoradas. Me refiero a mujeres excepcionales que tuvieron el enorme mérito de actuar brillantemente en las funciones a las que aspiraron y desempeñaron, funciones que habitualmente eran desarrolladas por hombres. Pero sumando que, para conseguirlo siendo mujeres, debieron esforzarse y sacrificarse mucho más que los varones, rivalizando con ellos para abrirse paso, un mérito no siempre explicado y reconocido.
Mi intención es mostrar que la Historia también puede explicarse desde el protagonismo de la mujer, a diferencia de lo habitual que otorga al hombre el lugar de privilegio. Para ello, utilizo como hilo conductor a cuatro reinas extraordinarias, cuatro protagonistas de la Baja Edad Media Española con enormes virtudes: Urraca I, fuerza, rebeldía y capacidad de lucha; María de Molina, inteligencia dotes diplomáticas y honradez; Juana Enríquez, astucia, tesón y decisión, e Isabel «la Católica», ambición, determinación, talento y visión de futuro.
Esta obra es un sencillo, pero emotivo y sincero reconocimiento a cuatro mujeres que marcaron una época con su inteligencia, talento, rebeldía y pertinacia. Cuatro mujeres que constituyen un ejemplo de superación y fortaleza. Es un reconocimiento a su valía y una demostración de que la Historia también puede y debe explicarse a partir de la obra de mujeres extraordinarias.
