Matías Ig. Martínez Armero
Matías Ig. Martínez Armero nació en 1957 en Argamasilla de Alba, en el seno de una familia de pequeños agricultores. Su padre era un pequeño agricultor que arrendaba tierras para el cultivo; su madre, ama de casa, que, además de criar a seis hijos, cuidaba del ganado y realizaba tareas en el campo.
De formación autodidacta, pues solo pudo asistir a clases de primaria particulares nocturnas durante dos años, en 1988 ingreso en la UNED, superando el curso de acceso directo para mayores de 25 años. Comenzó a estudiar Geografía e Historia, carrera que no pudo continuar, pues se vio obligado a desplazarse a Madrid a trabajar cuando fue despedido de su trabajo en la industria vinícola en Manzanares por sus actividades sindicales
Comenzó a trabajar a los diez años. Ha trabajado de pastor, jornalero, tractorista, obrero industrial, obrero de la construcción, encofrador, portlandista y, de manera especial, de sindicalista.
El tirador olímpico es la segunda novela que publica.
Sus libros

El retrato de la joven de los ojos negros
A Pedro López Garnica, un amante de la pintura que tiene la extraña capacidad de trasladarse al pasado cuando observa las imágenes plasmadas en un cuadro, en una de sus visitas al Rijksmuseum de Ámsterdam, le llama la atención el retrato de una joven pintado por un pintor anónimo que los expertos consideran de la escuela de Siena, al inicio del Quattrocento. El retrato, por su estilo, es sorprendente, como si lo hubiera ejecutado un pintor contemporáneo. Pedro López Garnica cierra los ojos y entra en la vida del pintor anónimo que se adelantó a su tiempo y que fue olvidado por la historia.

El tirador olímpico
A mediado de los años setenta del siglo pasado el Comité de Seguridad del Estado (Komite Darzhavna Sigurnost) gestó un plan para mejorar la seguridad y protección del presidente del Consejo de Estado: con ese plan querían comprobar sí cualquier ciudadano normal, un ciudadano que aparentase ser buena persona, que trabajase en un puesto de responsabilidad, que estuviese felizmente casado y con familia, que fuese respetado por sus conciudadanos y amigos —al que el Estado le pague la carrera universitaria, la vivienda, los cuidados médicos, las vacaciones, además de proporcionarle un coche a bajo precio—, estaría dispuesto a matar al presidente del Consejo de Estado de la República Popular de Bulgaria si se lo propusiera una potencia extranjera a cambio de una buena suma de dinero y facilitarle la huida a occidente, donde viviría una vida regalada. Para materializar ese plan, la seguridad del Estado elige a Iván Alexandrov Hristov, un funcionario de aduanas, que además es un tirador con armas de fuego fuera de serie.
