
Rafael González Martínez
Rafael González Martínez, tras sus dos primeros trabajos, Héroes y Los Innombrables, escribe su tercer libro tratando un tema histórico: La Estación Internacional de Canfranc en Huesca, un emblemático e impresionante edificio ferro-viario lleno de historias y vivencias, un lugar olvidado por el tiempo que en este libro renacerá de sus cenizas, espías, oro nazi, transporte de minerales para el desarrollo de la II Guerra mundial en una España neutral en la guerra. Un libro documentado con un minucioso trabajo de campo que dará a conocer al lector la historia de esta mítica estación de ferrocarril y de su entorno; un proyecto que en su día disfrutó de un esplendor sin precedentes, siendo la segunda estación más grande de Europa y que, actualmente, resiste al paso del tiempo, a las inclemencias meteorológicas, a su propia historia y a un esperanzador destino.
Sus libros

Héroes
Esta obra combina relatos de ficción inspirados en la realidad militar con un análisis documental sobre los conflictos bélicos en la antigua Yugoslavia, centrándose específicamente en la Guerra de Bosnia. A través de la mirada de soldados, reporteros de guerra y víctimas civiles, el autor explora la crudeza del asedio de Sarajevo, la limpieza étnica y el papel de las fuerzas internacionales. El libro incluye un dosier detallado sobre las misiones de paz del Ejército Español, rindiendo homenaje a quienes perdieron la vida en el cumplimiento del deber y reflexionando sobre la resiliencia humana en situaciones de extrema violencia.

Los Innombrables
Obra de no ficción que realiza un recorrido histórico y cronológico por los grandes genocidios, crímenes contra la humanidad y regímenes dictatoriales del siglo XX y principios del XXI. A través de un análisis documentado, el autor examina las figuras responsables de atrocidades masivas, desde el Holocausto y las purgas estalinistas hasta las dictaduras en América Latina y los conflictos en los Balcanes y Ruanda. El texto combina testimonios, archivos históricos y una reflexión ética sobre la memoria, la justicia y la naturaleza del mal absoluto.

Canfranc, La Ultima Frontera
La II Guerra Mundial estalla en 1939, y la Estación Internacional de Canfranc cobra un protagonismo nada deseado. En el invierno de 1942, los nazis llegan a Canfranc. Un grupo de miembros de la Gestapo, que residen tanto en el hotel como en el pueblo, toman el control de la parte francesa de la estación en noviembre de 1942 y lo mantienen hasta el final de la II Guerra Mundial. Pero en Canfranc, como en todas las zonas fronterizas donde han existido conflictos y guerras, los bordes y los límites territoriales terminan por emborronarse y no ser definidos, y así cobran protagonismo las tramas de espías entre todos los bandos. Miembros de la Resistencia Francesa se colaban por Canfranc ayudados en muchas ocasiones por sus vecinos españoles. La estación también fue una vía de escape para los judíos que huían del horror de la Alemania nazi, así como de aquellos alemanes opositores al régimen que pretendían exiliarse, buscando refugio incluso en las casas del pueblo. Pero también fue un coladero de contrabando, aunque la postura oficial de España era de neutralidad, lo cierto es que Canfranc fue lugar de paso de 1200 toneladas de mercancías mensuales en la ruta Alemania-Suiza y España-Portugal, entre ellas casi 87 toneladas de oro robado a los judíos y, en los países ocupados, de un metal precioso que se blanqueó en España a través de Canfranc. Parte de este oro fue el pago que Hitler le hizo a Franco por los envíos de tone-ladas de mineral de wolframio procedente de las minas de Galicia. Este mineral era esencial para el blindaje de los tanques y cañones del ejército nazi, y Franco enviaba este mineral en agradecimiento por la ayuda de Hitler durante la Guerra Civil Española. Y a la sombra de aquellos movimientos se escondía un personaje legendario, un tipo con encanto que caía bien a todos y que gracias a ese carisma personal pudo mover los hilos de una intrincada y compleja red de espionaje.
