Yutaka Hosono
Yutaka Hosono
Nació en la ciudad de Yokohama, Japón en 1936. En 1958, se graduó en el
Departamento de Lengua Española de la Universidad de Lenguas Extranjeras
de Tokio. Se dedicó durante cuarenta años al trabajo ocial de Cooperación
Internacional, lo que le permitió vivir más de 17 años en varios países latinoamericanos
como Brasil, Bolivia y México. De mayo del 2009 a junio del
2011, cumplió su cargo del Secretario General del Club de Poetas de Japón,
y de febrero del 2011 a febrero del 2013 el Presidente de la Asociación de
Poetas de Yokohama. Era Presidente del Club arriba mencionado, la organización
de poetas en escala nacional con unos novecientos miembros
desde junio del 2013 hasta junio del 2015.
Actualmente se dedica al cargo del Director de Intercambio Internacional
del mismo Club.
Aparte de su creación poética, se ocupa del estudio y la traducción al japonés
de obras de la literatura latinoamericana y española especialmente de su
poesía moderna y contemporánea.
Es autor de los poemarios en japonés ?En donde se agote la tristeza? (1993),
?Cazador de ores? (1996), ?La máscara sonriente? (2002) y ?La bicicleta para
mujer y el maletín negro? (2012), y en español ha publicado ?Dioses en
rebeldía? (1999), y ?La Antología de Poesía Contemporánea del Japón?
(2011) en colaboración con Tetsuo Nakagami, el poeta japonés y Gregory
Zambrano, el poeta venezolano radicado en Tokio como el catedrático de
la Universidad de Tokio.
Y formó parte del equipo de traducción, del español al japonés, de la ?Antología
de la Poesía Mexicana Contemporánea? (2004) y la ?Antología poética
de la generación del 27? de Arturo Ramoneda (2007), Premio Shikai
(mundo poético) del Club de Poetas de Japón.
También tradujo al japonés y publicó en 2012 ?La Antología de Poesía de
Pedro Shimose?, el poeta boliviano con sangre japonés y radicado en
Madrid, España con su familia, y en el mismo año la novela ?Insensatez? de
Horacio Castellanos Moya, el escritor salvadoleño.
Su libro

Libélulas y granados
Azucena Con la soledad vienes, azucena... ?No..., vengo con la primavera. La tristeza te acompaña, azucena... ?No..., la blancura me rodea. De noche llegas, azucena... ?No..., de sol estoy llena. Lágrimas derramadas, azucena... ?No..., es rocío de las estrellas. Mira el mundo, azucena... ?¡Ay..., ahora siento la pena! Papagayo A veces como un canario canta con voz cándida, y otras veces como un cuchillo que reluce opacamente en la penumbra de un callejuela de Shinjuku, Tokio, nos amenaza. Como dicen ?repetir como un papagayo?, repetía siempre exactamente las palabras de eminencia gris que dirige el mundo de falsedad y resentimiento, parece que recientemente aprendió el arte de sustituir las palabras como reemplazan el papel del examen. Su gura de espaldas es espléndida y hechicera, y su rostro oculta una trampa diabólica en su sonrisa inocente. ¡Mi papagayo! No sé si llegará el día en que yo conrme con mis propios ojos cómo te extinguieras en calma, guardando tu belleza que se confundirá con lo sublime.
