El pensamiento y los sentimientos pueden compararse con la superficie de la Tierra y sus estratos subterráneos. El agricultor entierra el trigo en la oscuridad de la tierra para que ascienda desde allí la espiga luminosa. El pensamiento filosófico tiende a centrar su reflexión en la semilla nacida y no precisamente en su acto de germinación, en la «razón teórica» y no en el subsuelo desde donde ella emerge. Si del poético agricultor pasamos al Vulcano moderno, al fabricante de armas de nuestra época, él dirá que trabaja por encargo, que no tiene nada que ver con el nudo de los sentimientos humanos, pero se frotará las manos por los conflictos en Oriente Medio. Es decir, su negocio, con toda la ciencia que él implica, nace del odio.
El escrito El amor y su morada intenta introducirse en el subsuelo desde donde emerge la vida humana, en ese surtidor de sentimientos que brota en cada pecho: amor y odio, afán de poder, envidia, celos… y muchas decenas de sentimientos. Cada individualidad es un tapiz confeccionado con muchos hilos afectivos. (...)
Aún no hay valoraciones. ¡Sé el primero en valorar este libro!