El inspector jefe del Cuerpo de la PolicÃa Nacional MatÃas Rubio González, destinado en la ComisarÃa de Distrito Madrid Usera y adscrito al popular barrio de Orcasitas, es trasladado provisionalmente y por necesidad del servicio a la ComisarÃa de Distrito Madrid Retiro. Objetivo: cerrar un caso que se mantiene abierto por la implacable presión de doña Leonor Ruiz de Monteagudo, condesa de Piedra Campo. Está totalmente convencida de que su marido, don MartÃn Blázquez Casado y pese a que murió a causa de un choque anafiláctico tal y como lo reflejó en su dÃa la autopsia, fue asesinado con premeditación y alevosÃa. MatÃas Rubio González, cumpliendo la orden recibida, saldrá una brumosa mañana de noviembre de la ComisarÃa de Usera dirección a la de Retiro. Y desde esta última conocerá el señorial domicilio de la viuda del finado, situado en la plaza de las Cortes, el Gran Café Gijón, la librerÃa Miguel Miranda, el Ateneo de Madrid y la Real Academia de la Lengua Española. Precisamente, será en esta última institución donde dará caza al asesino. No se habÃa equivocado el sexto sentido de doña Leonor. Contra todo pronóstico, a su marido lo habÃan asesinado. Gracias a este caso nuestro protagonista conocerá un Madrid totalmente desconocido para él. Un Madrid de catedráticos, académicos e intelectuales de tertulia. Todos ellos con obras de prestigio que les han permitido labrarse apellidos ilustres. Se sentirá satisfecho de descubrir ese Madrid pese a que el barrio de Orcasitas también le ofrece todo un elenco de nombres y apellidos de alcurnia. Alejandro Zambrano, Anderson Flores o Marco Antonio Vargas. Lástima que a todos ellos siempre los tenga que llamar por sus apodos: El Loco, el Gato o el Urraca. Solo con este último ya justifica su nómina mensual. Imposible de calcular las veces que entra y sale de la trena, del trullo o como se le quiera llamar. Cada caso acaba de una manera distinta. Este acabará en el cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, sin embargo, la vida seguirá. Y mucho más cuando no le tarde en llegar a MatÃas Rubio González su ascenso a comisario por promoción interna. Claro que, con el ascenso, intuye que se le acabará lo que más le gusta de su profesión. Callejear de dÃa y de noche logrando una perfecta amalgama con sus delincuentes habituales.
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