En la España del siglo XIX, Sor María Margarita, una monja de clausura crítica y curiosa, narra a través de su diario cómo la jerarquía eclesiástica ha ejercido un control determinante sobre el poder político mediante la figura de los confesores reales. La obra, producto de un ejercicio literario colectivo, explora la tensa unión entre el trono y el altar desde la época de los Reyes Católicos hasta el reinado de Isabel II, cuestionando los límites entre la fe, la política y la responsabilidad de los actos humanos bajo la sombra del sacramento de la confesión.
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