Hugo Lozano Reategui
Sus libros

La enfermita
La enfermita es una joven que apuesta ciegamente al amor sin esperar que este no le sea correspondido, lo que la lleva a obsesionarse hasta el punto de cometer locuras por un amor imposible.

Hechizos y hogueras caninas
HECHIZOS Y HOGUERAS CANINAS es un llamado a la conciencia que debemos demostrar sobre nuestras mascotas y sobre el perfil humano de los individuos que adquieren, por deseo voluntario, la responsabilidad de cuidar, defender, proteger y amar a esas mascotas. Este relato se plantea desde la perspectiva sencilla y descriptiva que deambula por un camino que narra las experiencias entre humanos y mascotas, porque estos animales quieren sentirse como uno más dentro de una convivencia familiar; no hablan, pero sienten, sufren, se alegran, extrañan… y se percatan de todo lo que sucede en su entorno.
El protagonista de esta novela es un perro al que llaman Max, y en su camino no deja de darnos lecciones de profundo y genuino sentimiento de fidelidad, cuando, a pesar del desaire de algunos de sus amos; él persiste y jamás renuncia a su amor por ellos.
Max experimenta, en distintas etapas de su vida, el egoísmo, la falta de empatía, el desprecio, la insolidaridad y maldad del ser humano. El perro presencia un asesinato y en su angustia y desesperación por buscar ayuda, logra pronunciar por primera y única vez el nombre de uno de sus amos, lo hace como un grito de auxilio delante de una vecina y amiga de su dueño.
El perro deja específicos mensajes cada día, viviendo y percibiendo en cada instante lo generoso o cruel que el hombre puede ser a veces, pero, sin embargo, él no desiste de proyectar su amor hacia los demás y continúa aportándonos enseñanzas y lecciones de vida. Esa es su verdadera misión y el resto del mundo no lo comprendemos. Hugo/Max dicen: «Un reencuentro de dos almas vagabundas que hoy se juntaban reencarnados en especies distintas, en idiomas diferentes, pero con un mismo corazón». Podría pensarse, en algún momento, que el autor de la novela, Hugo Lozano, interpreta el papel de Max. ¿Max es Hugo? ¿Podría tratarse de una autobiografía encubierta…? Lean este libro y descúbranlo.

Hipolito y la maleta de trotamundos
El verdadero drama de la migración está en dejar todo atrás y empezar una nueva vida, escondiendo su dolor y exponiéndose a humillantes desprecios y xenofobia. Pero también es una oportunidad de crecer y reinventarse, adaptándose a las nuevas exigencias, respetando las costumbres, culturas e integrarse en la sociedad que elegiste seguir tu vida.
Hipólito va dejando a su paso específicas reflexiones de profundo contenido social que a cualquiera le puede pasar. La convicción de creer en ti, de que, si los buenos deseos salen desde el fondo del corazón, habrá una respuesta inmediata tangible.
No te sientas seguro si ves abundancia, aléjate de la soberbia; mañana mismo la tortilla se podría voltear y ser tú quien emigres por necesidad.
En uno de los párrafos, Hipólito piensa: «… mi dolor también era por la indiferencia e injusticias de muchos países que ven a los venezolanos como una plaga que se extiende por todos lados…».
La voz de Hipólito bien pudiera ser la tuya también. Ante la desesperación, la soledad y la angustia, jamás olvides o pierdas la fe… Dice Hipólito en otro párrafo: «Esos ángeles están allí siempre, a la espera de una orden divina que solo tú la debes formular correctamente. Esos mismos ángeles pueden ser visibles de distintas formas, hombres, mujeres, mascotas, familiares o extraños, no importa su traje, solo debemos reconocer su corazón e intención. Jamás estamos solos…».

Préteritos versos a la intemperie
Hugo Lozano Reategui es un habitual escritor de narrativas, con tres novelas publicadas, pero en esta ocasión nos entrega un material literario inédito que ha ido forjando en los últimos 25 años; es una ardua selección y revisión de poemas escritos, principalmente creados en Venezuela, la gran mayoría, pero también releídos y aumentados en Murcia. Publicados en portales y foros literarios de Latinoamérica. Los versos de Reategui no son nada pretenciosos ni conviven con frivolidades mundanas. El autor se inclina por trabajar para exponer (de forma factible, accesible, alcanzable) realidades humanas y espirituales, pero con cierta vocación de poeta eremita de las letras. La poesía de Pretéritos versos a la intemperie podría definirse como prosa poética; escribe Reategui: «…Me dispongo a partir y en la inmensidad/del silencio del templo irrumpió un grito conjunto y en coro/ se oye decir,/ “No nos abandones, llévanos contigo”/ eran mis hermanos de yeso que/aprendieron a hablar»; estas contundentes reflexiones pertenecen a su poema Lágrimas. Se define el escritor como un «hambriento lector que después deduce sus propias y complejas conclusiones» y de alguna forma u otra las incluye en poemas y novelas, agregaríamos que son experimentales pensamientos que traslada con ímpetu y de manera accesible a su producción literaria… El poeta evita enarbolar banderas de protesta y juegos artificiales, y cuando lo hace, lo presenta en sentido figurado. Versos desnudos y febriles en los que necesita nadar el poeta como un náufrago perdido. En otra obra, Déjame llorar, leemos: «…Lloro porque tus recuerdos/ aún carcomen mi presente/ y tu ausencia trajo el vacío…». Este poema encierra una penosa y complicada leyenda real, que el propio escritor vivió muy de cerca en su Venezuela querida. Lean este centenar de versos dispersos, ejecutados en un cuarto de siglo, lo que hace que podamos considerar a Hugo L. Reategui un poeta convincente y creíble, con largo camino por recorrer. El novelista y dramaturgo brasileño Paulo Coelho expresó algo con lo que comulga fielmente Reategui:«La auténtica libertad es liberarse de la opinión de los demás».

Títeres de titanio
Hay lugares donde la gente entra para esconderse…, y termina encontrándose. Veinticuatro vidas. Veinticuatro secretos. Un solo refugio. En pleno centro de Murcia, un discreto local de encuentros se convierte en el lugar donde personajes reales, provenientes de distintos estratos sociales, se despojan del peso de la moral, del juicio y de la culpa. Un sacerdote que se confiesa con el cuerpo. Un abogado atrapado entre códigos y pulsiones. Un intelectual que racionaliza su vergüenza. Un joven magrebí que ejerce la prostitución. Un portador de VIH que ha dejado de buscar redención. Un viejo italiano que encuentra el amor en un joven de espíritu libre y desinhibido… Todos viven como títeres sostenidos por los hilos del deber, el dogma y la apariencia. Pero, en este santuario húmedo, escondido bajo el ruido de la ciudad, encuentran algo parecido a la libertad: una pausa frente a la mentira cotidiana, una máscara distinta o, quizá, la más verdadera. Títeres de titanio, biografías indiscretas no es solo una novela coral; es un espejo incómodo que desafía la doble moral de nuestra sociedad. Una ficción que incomoda porque resulta demasiado real. Y el autor lo demuestra con uno de sus personajes, «El testigo de Jehová»: «La sorpresa es que, al llegar a la parcela, nadie sale al encuentro. Cuatro vecinos entran al patio y encuentran indicios de que allí hubo una pelea. Hay señales de que arrastraron algo hacia un barranco. Descubren en el suelo un dedo y, unos metros más allá, un pene y una lengua, hallazgo que aterroriza a los vecinos. Había sangre coagulada por doquier».
