Jose María Arroyo Díaz
Sus libros

Sombras
Poemario que surgen de la observación y de la reflexión, sustentado en tres pilares: 1º La psicopedagogía donde se describen emociones y enseñanzas, que obligan al discente a buscar palabras en el diccionario, a jugar con los sinónimos y a mediar y ejercitar lo leído como metodología didáctica. 2º En la amistad inseparable entre la luz y la osmbra, que en su mutismo, se escucha la tertulia poética entre Helios y Érebo. 3º Y en la relación entre el mundo sensible y el mundo inteligible, descrito por Platón en "la alegoría de la caverna".

Oniros
Paseando por las calles de la ciudad Imperial, se durmió mi pensamiento y soñó con un amor que se llama Toledo; al despertar quiso recorrer el sueño y se encontró con una realidad soñada, palpable en cuerpo e intangible en su sueño; y decidió contar en epístola lo onírico, porque así cualquier viajero puede pasear por la ciudad y revivir el sueño.
Una noche estival tomé un tren expreso y, mal durmiendo, fui a conocer la mar, la visité al alba y me enamoré de su inmensidad, de la tonalidad de sus miradas azules, de su carácter contradictorio, dulce y adusto, siempre insinuante.
Agotado, y adormilado, soñé con la mar y versifiqué su voluptuoso oleaje. Así nace este texto de amores oníricos, que nunca visitaron a Hades y hoy viven en este libro, y en mi recuerdo.

Obituario a una musa
Es un poemario a la musa perdida, a su ausencia, a mi soledad, a la búsqueda de la luz fugaz de un rayo que me ilumine a escribir un pensamiento.
Hoy, esa musa sin tiempo solo me recuerda el tiempo lejano donde ella me inspiraba. Y es que en mi tiempo presente busco huellas, que me permitan encontrar las palabras perdidas en el tintero, y a la musa que me inspire para escribir poemas en el trueno y que, al recitar, el eco de sus versos se oiga en el Mytikas, la cumbre del Olimpo.

Pábulo
Antaño, cuando la población agrícola era numerosa, gran parte del trabajo dependía de un par de mulas o de bueyes. La yunta salía al campo con el mulero o bueyero a dar huebras, de tal forma que, si un animal enfermaba, aquel día no se podía trabajar, con lo que ello suponía para una economía agraria tan precaria. También vienen a la memoria los momentos de ocio y las bellas estampas de la competición de la “halada”, donde la yunta de bueyes tiraba de la “corsa” en la prueba de arrastre. La yunta, el cerdo, la cabra, las gallinas y el huerto eran, en gran parte, la base de la subsistencia familiar, complementada con aceite, vino, arroz y legumbres, que formaban el avituallamiento esencial del hogar. En el campo había mucho trabajo y sudor, hasta madurar y recoger el fruto. Aquel esfuerzo del hombre, hoy liberado de la yunta y de los aperos rudimentarios, se ha hecho poesía: Se han forjado las herraduras con martillo y yunque; arado el rastrojo, besana a besana; sembrado el barbecho, puñado a puñado; segado la mies con la hoz en una mano y, en la otra, la zoqueta. El yuntero, tarareando en soliloquio, ha hecho versos que hoy rielan en poesía.

Empiria
Este poemario está basado en lo empírico: vivencias y recuerdos; también en lo contado (como el poema «El pensamiento encarcelado»), que no se pretende generalizar, pero sí poetizar, porque a veces es la única forma de expresar los sentimientos. De mi nacimiento solo tengo lo relatado, y la muerte no me ha llegado; cuando me toque morir sé que no podré contar, ni me contarán, esa realidad. Por eso solo me queda relatar, sin “essentia mortis”, los óbitos acaecidos a mi alrededor. Como dice a. Machado en Nuevas canciones («Proverbios y cantares», V): «Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa. Adivínala».
