Miguel Ángel Ferrández Payo
Sus libros

El destino inexorable de Luis Martín-Santos
Este ensayo analiza la figura, obra psiquiátrica y producción literaria de Luis Martín-Santos, centrándose especialmente en la relación entre su labor científica y su novela Tiempo de silencio. A través de un enfoque psicobiográfico que integra testimonios, análisis clínico de sus textos y una revisión de la literatura de posguerra, el autor explora la conflictividad inconsciente de Martín-Santos y propone que su obra no fue solo una vía de catarsis personal, sino el reflejo de un destino trágico marcado por una autodestrucción inconsciente, cuya culminación fue truncada por su prematuro fallecimiento mientras trabajaba en su segunda novela, Tiempo de destrucción.

Karl Abraham y la sucesión a Freud
Este ensayo histórico examina la compleja trayectoria de Karl Abraham en el seno del Comité Secreto, el grupo que lideró el movimiento psicoanalítico durante el primer cuarto del siglo XX. A través de un análisis exhaustivo de su correspondencia completa con Sigmund Freud, el autor desvela una relación marcada por la tensión profesional, el deseo de independencia intelectual de Abraham y el conflicto por la autoría de teorías clave como la melancolía y la esquizofrenia. El libro documenta las intrigas internas, los intentos de Freud por neutralizar la influencia de sus sucesores y cómo la inesperada muerte de Abraham alteró la sucesión de la Asociación Psicoanalítica Internacional en favor de Anna Freud.

Karl Abraham y la psicogenia de la paranoia y la esquizofrenia
Karl Abraham (1877-1925), tercer psiquiatra en rango médico del prestigioso hospital psiquiátrico universitario suizo Burghölzli al inicio de la aplicación de la teoría psicoanalítica a las psicosis (tras Bleuler y Jung) se mantuvo en Berlín, desde la ruptura de estos con la organización psicoanalítica internacional regida por Sigmund Freud, como el principal impulsor del contacto del psicoanálisis con la psiquiatría. Tras haber deslindado en libros anteriores su teoría sobre los trastornos uni y bipolar de la propiamente freudiana, el autor aborda su pensamiento acerca de otras psicosis, antes y después de su diseño de la teoría de las relaciones objetales sobre una nosología sistematizada apegada a las pérdidas de objeto, el carácter y el narcisismo que subdividió las fases del desarrollo psicosexual y delimitó las psicosis a fijaciones previas a la 2ª subfase anal

Karl Abraham y la depresión (Trabajos psicoanalíticos 2006-2016)
El título de la recopilación de una serie de trabajos publicados refleja el protagonista de Karl Abraham (1877-1925); tercer cargo médico (tras Bleuler y Jung) del hospital psiquiátrico universitario suizo Burghölzli, iniciador a comienzos del siglo XX de la experimentación con psicoanálisis. La primera parte, dedicada a diferencias su teoría acerca de la depresión y la manía ‒caracterizada por la preeminencia otorgada al factor agresiva‒ de la propiamente freudiana, así como a los desarrollos efectuados a cargo de miembros de su escuela en Berlín (Radó; Jacobson), finaliza con un esbozo de aplicación personal a la psicoterapia psicodinámica. La segunda parte muestra las vicisitudes sucedidas para su designación por parte de Sigmund Freud a la presidencia de la organización psicoanalítica internacional en sustitución de Jung (1914-1918), y retomada electoralmente (1924 y 1925). Su inesperada muerte al cierre del primer cuarto de siglo frustró su sucesión al vienés: la relevancia de su figura fue oscurecida, su discípula Melanie Klein se apropió de la teoría de las relaciones objetales que había diseñado y Freud iba aceptando con reticencia, y el psicoanálisis se alejó de la psiquiatría. La introducción al libro inédito sobre psicoanálisis escrito en aquellos años por Joaquín Gimeno Riera (director del hospital psiquiátrico Provincial de Zaragoza y directivo de la Asociación Española de Neuropsiquiatras y la Liga de Higiene Mental) y editado por el autor, ilumina la perspectiva de los psiquiatras españoles anteriores a la guerra Civil frente a la emergencia del movimiento psicoanalítico.

La depresión en Castilla del pino.
En vísperas del centenario de Carlos Castilla del Pino (1922- 2009), se reedita un trabajo que conjuga el examen de sus contribuciones a un modelo médico psicodinámico del trastorno depresivo y una psicobiografía del influyente psiquiatra y humanista extraída del análisis de sus memorias

Karl Abraham y el psicoanálisis del alcohólico
Sigmund Freud atribuyó el origen de la adicción al alcohol a un efecto reductor de la conciencia autocrítica, resultado de la persistencia sustitutiva de una tendencia onanista (1895), y al conflicto psíquico centrado en ella, originado por una erogeneidad labial constitucional (1905). Por su parte, Karl Abraham, en el primer trabajo psicoanalítico relevante sobre el alcoholismo (1908), propuso que la sustancia confiere al hombre una ilusoria sensación de virilidad, derivada de la exaltación de su identificación cultural con el semen vitalista y la relajación de los componentes perversos reprimidos de la sexualidad pregenital infantil.
La predisposición especial del adicto favorece el desplazamiento del objetivo sexual de la pareja a una excitación narcisista consigo mismo, procedente de una libido detraída de las sublimaciones invertidas, similar a la estructura perversa. La complicación celotípica implica una proyección defensiva en la pareja de la culpa por la infidelidad interna propia, una interpretación distinta a la homosexualidad latente que Freud suponía.
Tras revisar la bibliografía psicoanalítica, se analizan los mecanismos psíquicos implicados en el trastorno, destacando las contribuciones de Abraham. Según Castilla del Pino, el fracaso yoico en el afrontamiento vital lleva a que una persona psicológicamente predispuesta recurra al alcohol, la única sustancia capaz de sumirlo en un estado psíquico placentero y elacional, debido a una fantasía omnipotente subyacente que incluye la agresión hacia sí mismo.
Karl Abraham es valorado por haber sido el primero en intuir esta dinámica y se considera que las ingestas del alcohólico genuino canalizan además una agresión interna junto a unas imagos patológicas [imágenes deformadas de los objetos parentales reales incorporadas por el bebé en el yo y en el exterior], generando una culpabilidad que conduce inevitablemente a la deprivación de la autoestima.
La terapéutica requerirá, desde el inicio, la abstinencia absoluta y permanente del alcohol para que el cese de las agresiones facilite la desculpabilización y permita una adaptación difícil de la terapia psicoanalítica individual ante una resistencia transferencial dominada por la envidia. Se podría diferir la medida restrictiva en un grupo propenso al consumo perjudicial de alcohol, donde se encuentren patologías psiquiátricas claras, culpa por actuaciones vitales o duelos irresueltos, trauma psíquico, rechazo a la necesidad de dependencia o accesos explosivos intermitentes de tipo epileptoide.

Karl Abraham y el psicoanálisis del alcohólico.
Sigmund Freud atribuyó el origen de la adicción al alcohol a un efecto reductor de la conciencia autocrítica, resultado de la persistencia sustitutiva de una tendencia onanista (1895), y al conflicto psíquico centrado en ella, originado por una erogeneidad labial constitucional (1905). Por su parte, Karl Abraham, en el primer trabajo psicoanalítico relevante sobre el alcoholismo (1908), propuso que la sustancia confiere al hombre una ilusoria sensación de virilidad, derivada de la exaltación de su identificación cultural con el semen vitalista y la relajación de los componentes perversos reprimidos de la sexualidad pregenital infantil.
La predisposición especial del adicto favorece el desplazamiento del objetivo sexual de la pareja a una excitación narcisista consigo mismo, procedente de una libido detraída de las sublimaciones invertidas, similar a la estructura perversa. La complicación celotípica implica una proyección defensiva en la pareja de la culpa por la infidelidad interna propia, una interpretación distinta a la homosexualidad latente que Freud suponía.
Tras revisar la bibliografía psicoanalítica, se analizan los mecanismos psíquicos implicados en el trastorno, destacando las contribuciones de Abraham. Según Castilla del Pino, el fracaso yoico en el afrontamiento vital lleva a que una persona psicológicamente predispuesta recurra al alcohol, la única sustancia capaz de sumirlo en un estado psíquico placentero y elacional, debido a una fantasía omnipotente subyacente que incluye la agresión hacia sí mismo.
Karl Abraham es valorado por haber sido el primero en intuir esta dinámica y se considera que las ingestas del alcohólico genuino canalizan además una agresión interna junto a unas imagos patológicas [imágenes deformadas de los objetos parentales reales incorporadas por el bebé en el yo y en el exterior], generando una culpabilidad que conduce inevitablemente a la deprivación de la autoestima.
La terapéutica requerirá, desde el inicio, la abstinencia absoluta y permanente del alcohol para que el cese de las agresiones facilite la desculpabilización y permita una adaptación difícil de la terapia psicoanalítica individual ante una resistencia transferencial dominada por la envidia. Se podría diferir la medida restrictiva en un grupo propenso al consumo perjudicial de alcohol, donde se encuentren patologías psiquiátricas claras, culpa por actuaciones vitales o duelos irresueltos, trauma psíquico, rechazo a la necesidad de dependencia o accesos explosivos intermitentes de tipo epileptoide.
