Antonio Enrique
ANTONIO ENRIQUE (Granada, 1953), de la Academia de Buenas Letras de Granada, cultiva la poesía, narrativa, ensayo y crítica literaria. Como poeta, ha publicado veintidós libros. Entre sus
últimas obras destacan:Cisne esdrújulo (Granada, 2013), El amigo de la luna menguante (Barcelona, 2014), Al otro lado del mundo (Málaga, 2014) y La palabra muda (San Sebastián, 2018).
Entre sus novelas destacan: El discípulo amado (Seix Barral, 2000),
Santuario del odio (Roca, 2006), La espada de Miramamolín (Roca,
2009), El hombre de tierra (Padaya, 2009), Rey Tiniebla (Almuzara,
2012) y Boabdil, el príncipe del día y de la noche (Dauro, 2016).
Como ensayista, cuenta con los libros Erótica celeste
(2008), Las cavernas del sentido (2009), Metidos en una
pompa de jabón (2015) y El espejo de los vivos (2017).
Reside en Guadix, ciudad en la que se jubiló tras treinta y cuatro años de
vida docente y en la que está al cuidado del aula Abentofail de poesía y
pensamiento. En 2014, la Diputación de Granada le concedió la Medalla
de Oro de la provincia. En 2015, el claustro de profesores del instituto
donde ejerció puso su nombre a la biblioteca del centro. En 2016, la Fundación
Andrés Bello le otorgó el premio a la Obra Narrativa Completa y en 2017 le
fue concedido el premio Andalucía de la Crítica, en su sección de narrativa.
Sus libros

Boabdil, el príncipe del día y de la noche
Tomada Granada, Boabdil conduce los restos de sus antepasados para ponerlos a salvo de posibles profanaciones. Durante la travesía rememora la historia de su dinastía: crímenes, deportaciones, exilios, conjuras, batallas y asedios. Así comienza una historia documentada exhaustivamente y narrada con soltura y sabor de época que continuará, en su segunda parte y en la voz narrativa del eunuco Eleazar al-Sabaj, con el destierro del propio Boabdil a tierras de Ándarax. Boabdil, el príncipe del día y de la noche supone una valiosa recuperación de la identidad histórica de un reino marcado por la fatalidad y la locura, la crueldad y la sabiduría, la grandeza y la decadencia de quienes lo rigieron durante casi tres siglos.

Los mamíferos extraños. Memorias I
Los mamíferos extraños, basculante entre el ensayo y la novela, constituye no solo la relación de unos hechos biográficos, sino en mayor medida la reflexión sobre los mismos. Estamos ante un primer volumen de memorias donde lo prioritario ha sido la disquisición sobre el destino, y por tanto abierto a los ámbitos del pensamiento en todas sus vertientes, desde lo filosófico a metafísico, lo biológico y sociológico, pero, sobre todo, la introspección psicológica y aun paranormal. Anécdotas y vivencias van desgranándose con amena sinceridad, en tanto que indagándose en asuntos acuciantes como los sueños, la transmisión del pensamiento, el mecanismo de los celos, las desdichas del amor y el aprendizaje de la vida, el sentido transcendente de la muerte y la posibilidad de reencarnación. Presencias y figuras inolvidables desfilan por estas páginas dejando su huella en el incipiente escritor de entonces. Libro controvertido, su heterodoxia puede que no convenza, pero, como en todos sus precedentes, seduce y da que pensar. De ahí su condición insólita. Sus planteamientos siempre van más allá de lo establecido por las normas convencionales.

LECTURA DE NUBES EN EL CIELO
En Lectura de nubes en el cielo, segundo volumen de memorias tras Los mamíferos extraños, asistimos a una emotiva galería de personajes, muchos de ellos escritores no siempre reconocidos, que incidieron en la vida del autor. Son, por ello, a semejanza de las nubes en el cielo que se comunican con nosotros a través de sus formas. Situaciones tantas veces regocijantes y lugares del pasado des?lan ante nuestros ojos con nostalgia, así como los paisajes de la infancia y mocedad, hábilmente combinados con el presente. Se trata, en de?nitiva, de una amable “conversación con los difuntos”, como en el preámbulo se a?rma. Escrita con desinhibición y sentido del humor, en estilo ?uido y casi coloquial, el presente volumen no aspira sino a acompañar al lector con en el relato de estas “horas tardías” en las que la memoria, antes que acusar de nada, consuela sin herir y acaricia sin tocar. Pues, como también se a?rma, “ya no se espera nada, pero no es causa de congoja”.

Los días que paró el mundo
Los días de la pandemia actúan de fondo a esta tercera entrega de las presentes Memorias, a las que sirven de contrapunto los recuerdos de la vida pasada, flashes emocionales unidos entre sí por un hilo imperceptible pero real. Por eso estamos ante “casi una novela”, porque los personajes reaparecen y la acción prosigue sin detenerse, personajes muchos de ellos con nombre propio en la reciente historia de la literatura. Confesiones íntimas y reflexiones comprometidas se alternan, trenzándose en torno a los acontecimientos de aquellos días en que “paró el mundo”. Estamos, asimismo, ante una metanovela, ya que en ella se narran los entresijos de cómo fue haciéndose y gestándose. Los vecinos del autor, su círculo íntimo, el latido de aquellos días, percuten en el argumento, que no es otro que el de la vida cotidiana y la de tantos otros, en el pasado como en el presente.
