Javier Alises Fernández
Javier Alises Fernández nació en Madrid en la primavera de 1976, aunque su vida ha estado siempre vinculada a Leganés.
Decía Max Aub que «uno es de donde hace el bachillerato». Así que Javier es del barrio madrileño de Carabanchel, donde estudió el bachillerato y donde hoy trabaja.
Estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid con la idea de ser editor literario o bibliotecario. Pero el ca-mino de la vida lo llevó por la educación, sin dejar de lado las bibliotecas, pues fue bibliotecario durante quince años en la biblioteca escolar del Colegio San Gabriel, donde obtuvo en el 2010 el primer premio Ignacio Larramendi de «Buenas Prácticas Bibliotecarias», que realiza la Asociación de Bibliotecarios de la Iglesia Española (ABIE), en el primer año que se convoca este concurso, avalado por la Fundación Ignacio Larramendi.
La poesía es para Javier ese lugar íntimo, ese lugar agradable donde expresar esas emociones y pensamientos que guarda en su interior y que no sabe sacar de otro modo, tal vez, por timidez. En esta ocasión, el verso es la escapatoria al encierro en la pandemia mundial de la COVID-19.
Actualmente, Javier combina sus clases de Lengua y literatura y de Latín con la escritura de todo lo que se le pasa por la cabeza: poesía, cuento, relato breve, novela…
Desde pequeño, se siente a gusto entre los volúmenes que llenan las bibliotecas, porque siempre soñó con que un libro suyo formase parte de una. Ya tiene tres obras en ellas, se pueden encontrar: Madrid bien vale un paseo, Todavía respiro y Pan de mi aceptación.
Sus libros

Madrid bien vale un paseo
Un paseo por la ciudad haciendo de guía para unos amigos es una excusa para adentrarse en la historia de Madrid, de sus calles y sus monumentos, además de dar pie a la recreación de escenas históricas que tienen como hilo conductor la transmisión de mano en mano de un elemento curioso. Madrid es una maravillosa ciudad para muchas cosas, entre ellas para pasear. Si en vez de mirarnos los zapatos, miramos las fachadas y balcones, encontraremos una gran cantidad de historias reales. Grandes civilizaciones, grandes gobernantes, grandes acontecimientos, grandes fechas... dan sentido a la ciudad de Madrid de hoy en día. Esta historia es un paseo relajado por la ciudad de Madrid, acompañando a sus personajes por las calles. Es una visión histórica y literaria de la ciudad. Es un paseo por el presente y un viaje a ciertos momentos del pasado. Es lo que el autor ve cuando pasea por sus callejuelas.

Todavía respiro
El ser humano piensa con palabras, habla con palabras y escribe con palabras. La palabra puede transformar el mundo de cada uno. La palabra escrita trae consigo una motivación mayor que la de solo comunicar, pues también libera la mente de pensamientos circulares que no aportan nada y que se convierten en trampas mentales. Además, la escritura alivia el alma de esas pesadumbres de la vida cotidiana. La palabra escrita en forma de poesía recoge el mundo íntimo de su escritor. En los versos de este libro se recogen los sentimientos del autor sobre el mundo y las personas, sobre el amor y el desamor, sobre la amistad y el sentido que él le da, sobre sus miedos y sus tristezas, sobre el perdón y la ilusión... Este libro es fruto del aliviadero mental y emocional de Javier Alises Fernández, que todavía respira.

Pan de mi aceptación
Este libro nace de la desesperación que supone estar, casi, encerrado durante dieciséis meses a causa del con-finamiento establecido por el Gobierno y la tardanza en vacunar a los enfermos inmunodeprimidos.
Estos poemas surgen de las vivencias durante el confinamiento por la COVID-19 de un enfermo crónico, que es persona de alto riesgo frente a esta grave enferme-dad humana.
Estos versos brotan durante la primavera de 2020 y recojo los frutos en la primavera de 2022, pocos días antes de la retirada de la mascarilla de las calles del país.
Estas poesías sirvieron de escapatoria a mi agotamiento pandémico que, en muchas ocasiones, minaba mi día a día de miedos, tristezas y desesperación en los largos días de encierro. Pero también de los recelos con los que regresaba a casa tras pasar una jornada laboral con contagiadores en potencia.
La palabra es una de las artes del ser humano y no es solo una forma de expresarse, también ha sido una gran terapia para mí. Deseo que sea también para ti.
