
José Luis Alfaro García
José Luis Alfaro García, nace en Huelva el seis de agosto de 1956. Pronto se traslada a Sevilla, donde cursa estudios medios. Ingresa, después de finalizados estos, en la Facultad de Bellas Artes, donde consigue la licenciatura en las especialidades de Pintura y Escultura. Al término, consigue en el Departamento de Escultura la Beca de Investigación, que es dirigida por la catedrática Doña Carmen Jiménez. De inmediato consigue, por concurso oposición, en la escuela de Artes y Diseño de Sevilla la plaza de Modelado y Vaciado, como profesor de entrada, en la que ejerce la asignatura de Volumen. En la actualidad está jubilado. Posee varios premios de pintura, y ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas.
Tiene editado un poemario: “IMPOSTURA”, y ha publicado en esta misma editorial tres libros de relatos: “El pez en el fregadero”, “Cruce de caminos” y “La vida común”
Sus libros

El Pez en el fregadero y otros relatos
Esta obra se presenta como una colección de relatos que exploran la memoria, la pérdida y la disolución de la identidad a través de una atmósfera claustrofóbica y onírica. Con un estilo fragmentario, el autor entrelaza el recuerdo de la figura paterna y una pareja fallecida con imágenes recurrentes de lluvia, elementos acuáticos y obsesiones cotidianas. La narrativa transita entre la realidad urbana, el sueño y la introspección, construyendo un clima opresivo donde lo cotidiano se descompone en metáforas de enfermedad, muerte y un exilio interior, desafiando las convenciones del relato tradicional.

Cruce de caminos
Lejos de intentar con ellos hacer literatura, en estos relatos, escritos uno tras otro en muy breve espacio de tiempo, encadenados por un leitmotiv que no presupone, pese a la evidencia, la base de los argumentos, el tema de la homosexualidad se interpone laminarmente en los entresijos de los inciertos avatares de la existencia misma de los personajes. No hay en ellos pues prurito de posicionamiento moral, ni sesgos de proselitismo o militancia, ni fieros estudios psicológicos defendiendo ninguna idea. No se juzga ni se condena tal circunstancia, que pasa de puntillas o alrededor de la verdadera intención de lo que se expone, que no es otra que mostrar cómo el azar juega su baza con sus propias leyes, y que los infinitos cruces de caminos, con sus ineludibles hécates ciegas, determinan tal o cual aventura vital en las que la voluntad actúa según qué presupuestos, y en cuyo mapa el ser humano puede, o no, elegir la senda que lo más recóndito de su naturaleza, anhelo, instinto, ambición, y un sinfín de pasiones le dicte. Pero, asimismo, advertir con esto que en esas sendas no se descarta que la voluntad también pueda estar pilotada por la nobleza de alma…, y, aún, por una “equívoca” altura de pensamiento. “Terrorista es quien no actúa.” Lars von Trier, Europa

La vida común
En este tercer libro de relatos, mantengo el planteamiento del anterior en lo que respecta a mi posición ante la Literatura. Ante ella, y por ello, reconozco aquí mi falta de dominio del lenguaje; pero subsanándose este gran obstáculo con la voluntad de estilo, y, sinceramente, mi amor a la retórica –--¡de cuántos atolladeros nos ha sacado a más de un cuentista!---, y recordando a la Duras, que nos hablaba de escritura, del texto…, yo confió todo el poder narrativo al mecanismo del desarrollo del mismo; abocado desde la apertura, en su comienzo, a sus distintas soluciones. Estos relatos, cuentos o textos son abstracciones. En el espacio comprimido se reúne el escueto paisaje, la psicología de los escasos y arquetípicos personajes esta construidas con tres pinceladas. Son los hechos y los actos, los que mantienen la tensión dramática, desbocados, irreflexivos se suceden hasta la solución lógica, o trágica. Textos estos, mejor que relatos, los que, una vez teniendo claro el esquema narrativo y el asunto, se resuelven en ellos mismos. La técnica básicamente consiste en, planteado el problema, dejarse llevar por el discurso interno de la palabra. Este libro es un producto fragmentario, pues al contrario que en el anterior ninguna intención, juicio o prejuicio, y sobre todo moralina, subyace en ellos. Tampoco hay inocentes ni culpables; como no culpable es, por axioma, el azar. Son desemejantes, tanto en el estilo --- inspirados en la narrativa fantástica, en el cine, sobre todo el negro, o en cuentos populares, y en algún que otro verso suelto; otros, parecerán pecar de herméticos, pero habría que estar al tanto de las claves que en ellos mismos se facilitan ---, como en la extensión y disparidad de asuntos. Se ha evitado en ellos, aún en el trágico desenlace de algunos, el “deus ex machina”. Y están concebidos para, hablando claro, entretener un rato “recreando atmosferas”, con el firme propósito de no aburrir. “Es peor aburrir que mentir”, decía Wilde... La fantasía y lo fantástico; la ironía y el humor; lo trágico y lo poético, en muchas ocasiones, aquí, van de la mano. “Para escribir necesito un paisaje, un hombre y una pasión” Miguel Delibes.

Perros, doce relatos y seis miniaturas
En este cuarto, y breve, libro de relatos--- y volviendo a recordar a la Duras, que nos hablaba de escritura, del texto---, yo confió todo el poder narrativo al mecanismo del desarrollo del mismo; abocado desde la apertura, en su comienzo, a sus distintas soluciones. Estos relatos, cuentos o textos, son abstracciones. En el espacio comprimido se resume el escueto paisaje; y las psicologías de los escasos y arquetípicos personajes están construidas con tres o cuatro pinceladas. Son los hechos y los actos los que mantienen la tensión dramática; desbocados, incluso irreflexivos, se suceden hasta la solución lógica o trágica. Este libro es un producto fragmentario, al contrario que el anterior. Tampoco hay inocentes ni culpables; como no culpable es, por axioma, el azar. Son desemejantes, tanto en el estilo --- inspirados en la narrativa fantástica, en el cine, sobre todo el negro, o en cuentos populares, y en algún que otro verso suelto---, como en la forma; otros; parecerán pecar de herméticos, pero habría que estar al tanto de las claves que en ellos mismos se facilitan. Disparidad, también, en la extensión y contrastes de asuntos. Y finalmente aclaro, que están concebidos para entretener un rato, “recreando atmosferas”, con el firme propósito de no aburrir. “Es peor aburrir que mentir”, decía Wilde... La fantasía y lo fantástico; la ironía y el humor; lo trágico y lo poético, en muchas ocasiones, aquí, van de la mano. Se incluyen seis miniaturas, más cercanas a la poesía, sin ser poemas en prosa, sino más bien impresiones emocionales. “Para escribir necesito un paisaje, un hombre y una pasión” Miguel Delibes. “El lugar para mí ideal, es aquel en es más natural vivir como extranjeros” Mercedes Palmer.
