Annia vivía en un palacio cuyos muros de espeso cristal y cuarzo se tornaban verdes en primavera y amarillos en verano; el resto del año eran invisibles, pero se adivinaba su estructura porque despedían destellos blancos y azulados. En la torre más alta tenían sus nidos un par de cigüeñas a las que ella esperaba impacientemente cuando llegaba febrero para que le contaran las aventuras ocurridas en sus viajes. A la pequeña reina le encantaban los cuentos, las historias, los relatos… y cantar y bailar y hacer teatro, bueno, y muchísimas cosas más.
Aún no hay valoraciones. ¡Sé el primero en valorar este libro!