Tras varias décadas en silencio, la voz poética regresa a la escritura como quien vuelve a casa: en busca de la belleza escondida en lo cotidiano, en los gestos mínimos, en aquello que a menudo pasa desapercibido. Es en ese territorio íntimo donde intenta comprender —y sostener— las pérdidas que irrumpen sin previo aviso.Los poemas de Qué fácil es llorar con la excusa de las cebollas transitan con naturalidad entre el temor y la dicha, el amor y la melancolía, el duelo y la ternura de las pequeñas cosas que sostienen la vida. Cada verso, delicadamente tejido, abre un espacio donde las emociones se expanden y encuentran su eco.Sin artificio, pero con una sensibilidad precisa, este libro invita a detenerse, a mirar de nuevo y, sobre todo, a sentirse un poco más vivo. Tercera entrega de una trilogía poética que continúa el camino del aún inédito Lluvia cálida de primavera.
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