En 1912 nace Vicente Aparicio Martínez en Martos (Jaén). Siendo muy re-
ligioso decide entregar su vida al servicio de Dios ingresando en la Com-
pañía de Jesús. La guerra civil española trunca esos deseos al ser detenido
y permanecer encarcelado durante varios años. Una vez terminada la con-
tienda, comienza su formación como jesuita y decide seguir el ejemplo de
San Francisco Javier, patrón de los misioneros y uno de los fundadores de
la orden jesuita, que durante el siglo XVI estuvo evangelizando por Japón,
China e India. En 1949 es enviado a la ciudad de Hiroshima que trata de
recomponerse tras la devastación provocada por la bomba atómica. Allí en-
cuentra una ciudad destrozada cuya población sobrevive a los efectos toda-
vía latentes de la bomba. Trabajará junto al padre Arrupe, una de las guras
más importantes para los jesuitas, y le seguirá hasta Tokio donde inicia un
comercio internacional que reportará importantes benecios para sufragar
todas las actividades que los jesuitas desarrollan en Asia en favor de los más
desfavorecidos.
La gura de Vicente Aparicio es la de esas personas humildes y desconoci-
das que han tenido una vida sorprendente y ejemplar que merece la pena
conocer. Nacido en un pueblo del interior de Andalucía a principios del
siglo XX, nada hacía presagiar que una decisión personal, fundamentada en
el deseo de hacer el bien a los demás, sorprendentemente le llevaría hasta
Japón, donde desarrollaría una importante labor económica que fue reco-
nocida internacionalmente.
Aún no hay valoraciones. ¡Sé el primero en valorar este libro!