Raúl Pedro Gabás Pallás
Sus libros

Esquiar fuera de pista
Esquiar fuera de pista es una imagen deportiva con la que el autor de esta obra se enfrenta al fenómeno patente del apogeo de lo público y cuantitativo frente a la vida «originaria» que asoma tímidamente en cada uno. R. Gabás, que contribuyó en su momento a difundir la «teoría crítica» (Escuela de Frankfurt), muestra el peligro del «antropocentrismo» de la Ilustración. Por eso, en la variedad de dimensiones que descubre en la personalidad humana, insiste en la apertura del hombre hacia regiones que están más allá del yo y de la sociedad. En la actualidad, el énfasis está cargado sobre lo público, lo social, la conducta observable, las estadísticas, los grandes números (big data). La información invade los sentidos del individuo y, como el asfalto en la pradera, reprime la semilla que aspira a desplegarse allí. Los augurios mundiales de la política futura pronostican la victoria de la gran organización. Los lemas «todavía» actuales de la política, en concreto «libertad» y «dignidad», han sido arrancados de su suelo nutricio y son ahora una simple vociferación de las masas. Con ello está amenazada Europa en su peculiaridad y está amenazado cada uno de nosotros. El autor, con un lenguaje deportivo y rico en imágenes, dirige constantemente al lector la exhortación: «salva tu vida».

Recuerdos de Cerler
Recuerdos de Cerler describe en su primera parte una forma de vida que apenas varió entre finales de la Edad Media y principios de los años 1960, fecha en que la mecanización del campo hirió de muerte el negocio de la ganadería. Evoca sobre todo la constante amenaza del invierno, que «viene» y pone fin a todo el ciclo vital. Describe el juego de la vida, no exento de rasgos teatrales, en una sociedad pequeña, pero suficientemente grande para una amplia diferenciación de roles, de modo que el peso de las montañas de ningún modo aplastó el espíritu de juego. Narra la lenta transición de la luz de la tea a la central eléctrica y cuenta el laborioso proceso de construcción de la carretera y constitución de la Estación de Esquí de Cerler. La segunda parte, dedicada a la lengua, contiene textos en «patués» y en castellano. Los primeros quieren contribuir a la creación de escritos donde perviva la lengua hablada en Cerler. El autor llama la atención sobre varias palabras de origen germánico existentes en el «patués». La última parte del escrito contiene textos en castellano que describen vivencias del paisaje de Cerler. Bajo el último título, El fresno como símbolo del recuerdo, Raúl Gabás rememora escenas emotivas de una vida que se fue, pero resplandece todavía en su memoria.

El arte de conversar
De tanto en tanto, el sonido del móvil en el bolsillo nos dice que ha llegado un mensaje. Por suerte, no suenan en cada móvil todos los mensajes que recorren la atmósfera terrestre. Estamos en la época de la comunicación. Si tan bien comunicados es-tamos, ¿hay soledad en nuestro mundo? Todos hemos bebido agua que brota de lagos subterráneos, pero ¿quién ha llegado al fondo del lago? También el lenguaje es un manantial, que se pierde en las profundidades.
El arte de la comunicación culmina en genios privilegiados, pero en él todos tienen algo de poetas, saben alargar la con-versación y encontrar expresiones que dan en el clavo. Siete personas abordan aquí las honduras de la comunicación. Raúl Gabás, arrancando de los diálogos socrático-platónicos, penetra en los grandes surtidores que mantienen vivo el jardín de la comunicación. La mirada poética de Mercè Amat nos permite vislumbrar distintos parajes de nuestro hablar, tan poblado de afectos, ansias y también miedo bajo el poder del engaño, paisajes donde lo más humano se manifiesta al compartir la palabra. Antonio Torres analiza los aspectos comunicativos de la música, que se manifiesta como el subsuelo más potente de la comunidad humana. Y los músicos, Josep María Gironell (piano), Eduardo Diago (guitarra), Miquel Pujol (violonchelo) y Carles Franco (violín), inspirándose en los poemas del libro, componen una expresiva constelación de voces que nos invitan a una escucha atenta en toda conversación.

Relatos del valle de Benasque y de otras partes del mundo
Los turistas de nuestra época parten hacia tierras lejanas en compañía de su móvil. Con él hacen fotos que envían a familiares y amigos. Esas imágenes producen cierto agrado, pero no alcanzan la plenitud de una imaginación desbordada que desemboca en las creaciones artísticas y en el entusiasmo. Cuando contamos algo con ilusión, nos sentimos felices. Y los niños se entregan al sueño con rostro angelical cuando han escuchado un cuento. El autor de estos relatos se siente atraído por las fábulas de Esopo y por la literatura sapiencial de la antigüedad. En su propia infancia tuvo amplia ocasión de observar las costumbres y habilidades de los animales, que en la época actual del ecologismo forman parte de la vida de muchas familias. Nuestra existencia entera es una laboriosa traducción de lo posible a lo real. Y cuando intentamos contar o contarnos a nosotros mismos la propia vida, necesitamos la ayuda de la imaginación, que, con sus ráfagas, la libra del aburrimiento. En nuestro pecho anida la ilusión de crear, y nos sentimos felices cuando nuestras neuronas rezuman imaginación. Es placentero dormir en un colchón blando; y la propia vida se mece en la dicha cuando camina por un suelo imaginario. Las abundantes visitas de los niños al ratoncito Pérez en el pueblo de Cerler, y las sugerencias de algunas personas radiadas en nuestra tierra, han dado origen a este texto, donde se abrazan la fantasía y el tacto de lo real.

El tiempo
El tiempo es inagotable, y en él dejan su última gota nuestras vidas. La fecha de nacimiento y la de muerte se insertan en un torrente que mana sin fin. En medio de la fugacidad, el tiempo es también un lugar de permanencia, pues escribimos biografías y seguimos recordando a quienes se fueron. En la propia vida, constantemente borbotea nuestro pasado, que florece en contextos nuevos. Necesita tiempo el olivo para florecer y el niño para caminar. En el fondo de todas las cosas se percibe el aliento del tiempo. Nada tiene de extraño que la historia del pensamiento haya sentido predilección por este tema. La época actual, además, siente codicia por el tiempo, pues quiere alcanzar sus metas escatimando los segundos. Esta obra expone el tema bajo tres modalidades: - El tiempo físico y su medición en los calendarios. - Las reflexiones filosóficas sobre el tiempo, desde Platón hasta la hermenéutica. - Los brotes bajo los cuales florece el tiempo en nuestra propia vida. El autor aborda este tema en la cuarta parte, donde muestra las diversas formas de presencia del tiempo en la vida humana, concretamente bajo la modalidad de la música y de la autobiografía, entendida como lugar de creación y recreación de la existencia de cada uno. También dedica un capítulo al tema de la nada, que confiere su magia al tiempo, pues en su seno nace lo que no era y desaparece lo que es. El libro presentado muestra ampliamente la doble vertiente del tiempo: la astronómica y la vivencial. En la transición hacia la primacía de esta última fue decisivo san Agustín, en quien se apoya la línea desarrollada por Husserl y Heidegger. La reflexión filosófica nos ha conducido a la evidencia de que vivir es temporalizar.

El amor y su morada
El pensamiento y los sentimientos pueden compararse con la superficie de la Tierra y sus estratos subterráneos. El agricultor entierra el trigo en la oscuridad de la tierra para que ascienda desde allí la espiga luminosa. El pensamiento filosófico tiende a centrar su reflexión en la semilla nacida y no precisamente en su acto de germinación, en la «razón teórica» y no en el subsuelo desde donde ella emerge. Si del poético agricultor pasamos al Vulcano moderno, al fabricante de armas de nuestra época, él dirá que trabaja por encargo, que no tiene nada que ver con el nudo de los sentimientos humanos, pero se frotará las manos por los conflictos en Oriente Medio. Es decir, su negocio, con toda la ciencia que él implica, nace del odio. El escrito El amor y su morada intenta introducirse en el subsuelo desde donde emerge la vida humana, en ese surtidor de sentimientos que brota en cada pecho: amor y odio, afán de poder, envidia, celos… y muchas decenas de sentimientos. Cada individualidad es un tapiz confeccionado con muchos hilos afectivos. (...)
